Carlos López Dzur
Su poesía, sus cuentos y su filosofía

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El amor existe

Precisamente, el amor existe para ésto:
para que aprendas qué lindamente llenas las pupilas.
Que eres la hembra que se adora,
la que colmas la cama de suspiros
y de tu calidez tierna y animal

mientras sudamos, desnudos y apetentes
por vida continuada, por nuevas melodías
de creación in extensa...

El amor es un sueño biológico, divino, misterioso,
plasmado con este material de cuerpos tibios,
orgullosos, erotizados... y tú, mujer,
la mitad más bella de este sueño...

Y yo, el que te despierto
para que sufras la perspicuidad de vida
que escinde al placer original y primario
robándole un pedazo con los años,
el trozo más encantador, no sé...
pero sí debo sugerirlo a fuerzas,
el más egoísta o caprichosamente turbulento
dentro de la piel, el que será mío.

Precisamente, el amor existe para ésto:
para que alguno de los dos recoja el signo
de la responsabilidad, lo imperativo,
el tiempo existencial con sus deberes
(el pago de la casa, manutención, la educación
de los hijos, la ropa, el hospital, las deudas);
las solidaridades:
que se enfermó la vieja,
que enviudó la fulana y tiene cuitas,
despidamos al que se va, lleno de anhelos,
al que no puede más con la penuria,
tiende una mano; dialoguemos
con el que tiene arrugas
y su angustia suspira.

Saldemos la cuenta de este amor y su dicha
porque ni tú ni yo somos imponderables
y juramos no sernos mentirosos...

El amor pone entre comillas muchas cosas
y uno imagina que pausa y no es cierto;
sigue eternamente envejeciéndose
en nuestros cuerpos y en nuestras causas
hasta que muestra el refilón
del horizonte óntico
y, en medio de él, perpicuidades.

Precisamente, el amor existe para ésto:
dividir el infinito en momentos de memorias iniciales
y coherencias sociales, sucesivas, de praxis.

El amor no quiere hacerse sencillo como un beso
ni ritual como el abrazo
ni lineal como cruce de miradas
o callado asentimiento
a corta distancia del encanto.

Aún así, existe aunque no haya más
el atractivo cuerpo
ni la inicial esperanza.

Precisamente, el amor existe para ésto:
para estarse juntos, a veces tristes,
confundidos, lerdos, apagados...
para marcar el final y el comienzo
una y otra vez, para entregarse,
 a pesar de que nadie sabe
si habrá un mañana de luz, después del sexo,
o una eterna noche con sabor conocido de labios,
o solidaria complicidad de cuerpos...

Del libro inédito «Tantralia»

Publicado por elzorro2 el 16 de Abril, 2008, 9:48 | Referencias (0)

 

 

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