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¡Abriré una gran mano! La mano del pre-aviso; la que ofrenda después de su abundancia y se queda vacía. La siempre pordiosera, abismal mano.
Antes, innecesariamente, la llené de lo que me abundara, consumo necio del eco y la réplica; tener sin de veras desearlo, ¡tener y más tener!
Por eso hoy jala tal mano hasta sí con la presencia de objetos innominados extrañamente perdidos o ignorados hasta el desprecio de lo inconseguido. ¡El gemido declara lo que nunca obtuvo!
Ay, la pertinente mano, accidentada, dice su yo, se define... ¡no es corazón surtido!
Volver a estar vacío, tal es su sueño. Hoy se inventa al quiero poderoso. Da la primera ofrenda por los destituídos...
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