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Detrás de tanta palabra bonita y tanta defensa de derechos humanos, el sistema económico en el que estamos viviendo oculta la más descarnada expoliación y explotación: AUTOR
Todas las palabras, sin dejar una,
a menudo son amargas, sinsentido, inútiles,
más cercanas a blasfemia que a dulzura.
Has escuchado que te dicen: «Te amo»
y la frase es simulacro y fermento.
Quien habló tiene prisa por herir a otros,
aunque a tí te privilegia; con otros
será que ejecute la dejadez, sin la pose.
Y tú has sobrepujado tu ser hasta lo insólito
(quieres creer en el Amor / La Ley, la Gracia
aún con las sospechas entitativas) y has llorado
porque, de algún modo, no son lo que esperabas.
Hablan desde un egoísmo del Sujeto liberal
con la astucia de unas razones económicas.
Adam Smith quiere ser hoy el sujeto solidario,
paladín socialdemócrata, conciliador de contrarios.
Han secularizado la magia universal del Te Amo
y el encubrimiento es hipócrita, axiología relativista:
Eres más que palabra, Amor, y tu esencia
trasciende al discurso y al gesto,
a intenciones y estímulos.
Lo que han servido en platos exquisitos
es el bocado de la ilusión con La Mano Invisible,
la falsa providencia, que no procura las condiciones mínimas
de diálogo. Dijo él que ama, «Te Amo», quien
solo tiene voluntad de encubrimiento.
A la Libertad la tiene degollada.
La Igualdad que no se asome a su ventana
ni un momento; sólo los comunistas se pretenden
fraternos, iguales en derecho, iguales en vocaciones.
¡Qué ilusión opaca y fría, qué espejismo
el Te Quiero y No Puedo. En alguna gruta
se adelanta la finitud y el límite.
Ay, un cadáver verbal se decoró
con ternura imposible, viceversa caprichosa.
2.
Abro mi paso. Yo no me detengo.
Mi prisa empuja secretamente lo que encuentra
y no puede evitarlo. Echate a un lado, cadáver vivo,
si observas que este viento arrecia en forma de persona
o se navega la barca que lo auxilia con su preciosa carga.
El sol está en mi sangre y lleva lo mejor del mundo:
estos egos cesados, este premio de muertos.
Me acompaña una zona vibrante de silencio
que como tal azota el luto y vomita sus cráteres.
Consumió lo que pudo desde su garganta
que tiene sed de alba.
A mis pies circula el río más caudaloso
(de tu monte, Carlos) y me añade la premura que me falta.
Me alcanza, me empuja, me reanima. De los valores
recobra a los ausentes remolinos y con la lengua
perfora más agujeros que los que queman en las almas.
¡Qué violenta y golosa es la tierra que conozco
por causa de esta prisa, de los pies a la boca!
Voy donde me lleva la promesa más pura,
la vida que brinca entre charcos y vientos,
de norte a sur, de meridiano en meridiano.
Esta gloria de caverna me devuelve
la gruta de dulces salvajes, luchadores,
el río de las muchachas atroces, cálidas,
maternales, uterinas, quienes recobrarán
las voces y los pájaros en la mañana venidera.
En la náusea del pasado, no serán sus hijos
mercancía homogeneizada, lerdos vástagos
de la historia torpe y mezquina.
El sol y la negrura están pariendo
y en las rodillas se raja el ferroníquil
y el gneis dispara más palabras
que las que jamás he hablado.
Les daré nuevos cuerpos, ropas blancas.
Me arrastra la gravedad consigo
hasta el colmo de un dios escarabajo
para que se abra mi corazón desde lo oscuro
como una granada iluminada, estallante,
donde un hubo una pasa de dolor y angustia
y ahora exije su porvenir, barca de gloria, destino.
4-4-1977
3.
Los símbolos son como Esaú: la cartera
llena de grandes cosas; pero el bolsillo
cargado con los frutos de Don Nadie.
El don florecido en mudez, aunque yo,
con la Muerte doy vida; con la Cesta,
ágape, belleza, justicia.
La campana está quieta y silenciosa,
¿qué sentido la vida si no hay quien la taña?
Las órbitas vacías, sin electrones,
que salten de una en otra.
Un universo sin soles que ardan luminosamente
para forjar las mañanas, el porvenir allí,
en las civilizaciones, allí donde el agua se empoza
sin un canto de vida y un poema, aminoácido;
¿quién si no la muerte lo echará de menos
cuando las voces injustas del hombre
su organización hizo inútil y descabellada?
Los símbolos están mal distribuídos.
Abundan como materia prima, pero el poder
los tiene acaparados en un puño cerrado
y sin modestia. La cosecha se ritualiza
con heredad histórica, perpetuándose el explotador
y el explotado, uno en la abundancia inmerecida,
otro en la miseria y el trabajo. La legislación
debe determinar la economía, no al revés,
el amor la justicia, no al revés.
4.
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