Carlos López Dzur
Su poesía, sus cuentos y su filosofía

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Frags. de «Yo soy la Muerte»

Los viajantes de la barca

Cuesta mucho dolor este culitaca,
sentirse libre, sin demonios,
lleno de vida.
La culpa, soterrada.

Algo queremos que no lo explica su ciencia,
sólo la líbido y su libertad de vuelta y media
que no tiene otro ser que inmoralismo.

Nos va el ser en el ritmo del perreo.
Nos habituó al clamor un grito primitivo
de las danzas y, por ello,
en lo estricto del juicio y la condena,
no hay axiomas; bloqueamos los avisos.

Preferimos la senda del rechazo.
Somos incrédulos.

4-12-2000

*


«La UNICEF ha dicho que las vidas de más de 1,000 millones de niños están en riesgo debido a la pobreza, la guerra y las enfermedades, con uno de cada seis padeciendo mucha hambre, uno de cada siete que no tiene acceso a cuidados de la salud y uno de cada cinco sin acceso a agua potable»: Barbara Stocking,  directora de la agencia humanitaria Oxfam


La muerte definida
como un golpe organizado,
uña filosa que se hunde
en la molleja, en tu ser en la carne,
todavía no me asusta
aunque me arde y muerde
con su gusto de araña venenosa;
la muerte me ha llamado
desde su democracia mercantil
y su imperio totalitario y caníbal.

La muerte invocó mi nombre
antes que yo tuviera cuna y un seno
de reposo, con el rítmo cardíaco
de mi madre; me llamó
aún antes de hallarme con un beso,
me sedujo antes de encontrar
el romance con las formas bellas
de los huesos y las curvas tersas
del amor que madruga.

La muerte definida
como contexto cotidiano y escenario
me hizo una estrella apagada,
volcán sediento, estanque que se perdió
en el monte de las ciudades frías,
montículo de referencialidades
soterradas, muertas en hipertextos.

No puedo temerla, aunque tampoco amarla.
La muerte se compone de millones de hambrientos.

En el año 2002, fallecieron 10.5 millones de niños
de edad menor a 5 años y a sus países
los llamé 'mis hermanos terrritorios';
yo creí la hipocresía / ingenuidad de llamarlos
criaturas, copias de mis ojos pequeños
y no pude hacer nada, sólo llorarlos inútilmente.
Otros 45 millones de niños morirán
en los países en desarrollo desde ahora
hasta el 2015 y no tengo nada que darles
sólo una frazada y envolverlos
en el adiós de mis lástimas.

A mi país, USA, le duele invertir el 0.14%
de su ingreso nacional para la ayuda;
la muerte humanitaria no es tan generosa,
se cercena la mano como el donante menos pulcro
y por esa razón, como los muertos de otras tierras
yo me llamo el más pobre, el muerto
con menos abundancia, el cadáver menos solidario.

2.

A veces la muerte es amorfa,
mercado de todo y nada,
disparate de muchas piezas,
originariedad desnaturalizada,
quincallería de golpes, decepciones,
caídas y fracasos, desespiritualizado acaecer,
sórdida arritmia, ética maquiavélica de angustia.

Antigualla de nihilismo, demagogia neosofista,
epítome del desgarramiento político del verbo,
mentís aparatosa de inmanencia, sepelio del alma.

Mecanicidad del ser, externa teratología,
egolátrica internalización de causas,
te saludo en miles de estadísticas.
Te computo en el asco de mi vómito.
Te esputo con ojo de buen cubero cálculo.

A veces la muerte quiere olvido
en síndromes de células.
Quiere una voz parkinsoniana.
Quiere llevarse a los héroes que admiro,
a mis amigos amados, Cecilio.
Se los lleva vistiendo de temblores
a mis ángeles, con argucioso plan de olvido
porque ellos se aferran trágicamente
a la memoria de sus cuerpos,
a lo abyecto y sublime que simultáneamente
se conjuga, para dar un Soy poético a la tarde,
un Seré mañana al placer de la noche.

3.

En mi patio americano, a orillas
de mi casa, hay 1.5 millones de seres lamidos
por el mal de Alzheimer, dementes que forzó
la muerte a beber de su copa.
Ni el Exelon los salva. La muerte viva
es demasiado caprichosa.
Mata, más alevosamente, que los coches
que se enloquecen en la calle velozmente;
asesina más fríamente que los homicidas.

Nueve mil hombres, que no tenían
más de 70 años, cayeron en mi patio.
Una muerte parkinsoniana les pidió el voto;
los robó, con ilusiones de cura,
pero se los tragó como Seol inmensurable.

¡Qué viajera es la muerte!
Se premeditó en Argentina; hizo desaparecer
30,000 hombres / niños / mujeres/ ancianos
La dictadura del '76 fue el cementerio.

La muerte se coloca un antifaz de traficante,
pero canta los himnos del capital y el lucro.

*

La muerte lujuriosa

La muerte en la internet ocupa a 30 millones de personas.

La muerte se ata a la pornografía.
Diariamente, los afligidos se reconectan
a la red, reinventarán el amor que
dan por muerto, consumirán imágenes
y textos de zoofilias, fetichismo, sodomías,
orgiásticas mancuernas, órganos
que invaden las caras infantiles,
arrastran a adolescentes, ancianos,
gentes aberrantes de todos los colores,
los externos, amorales, fronterizos.
Y los ociosos, en la bruma luctuosa.
pegando a sus bigotes con la terneza impura.

La muerte es lujuriosa.
Como ramera complaciente,
tras un pasamontañas oculta,
finje su  indiferencia,
pero muerde la carne de los más inocentes
al igual que los oscuros, aterrorizados
aterrorizantes, guerrilleros de sombras.

*

La industria del sexo genera 60 mil millones de dólares
al año en el mundo.

4.

 En la pequeña muerte de mi calle
todo lo corrompe y manosea. Asalta,
mata en las fronteras de Juárez,
viola en los cerros y montes escondidos
de aldeas de toda Surámerica

La muerte licenciosa y libertina es consumida
por 250 millones de personas.
Se ha vueto tecnológica y virtual;
se consigue como el pan en la esquina
y los productos y servicios enriquecen.
Nada es tal letal como la pornografía.

Publicado por elzorro2 el 21 de Julio, 2006, 19:33 | Referencias (0)

 

 

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