Carlos López Dzur
Su poesía, sus cuentos y su filosofía

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Yo soy la muerte

 

¿A dónde vamos?

 

 

A veces las palabras

se ocultan entre líneas…

(…) No sabes si estás despierto o dormido,

si eres tú quien escribe / o alguien te dicta:

Héctor Soto Vera, en: A Carlos López Dzur

 

1.

 

Déjame ir más allá y verlos.

Oír si han soltado los mirlos.

O si el miedo que alegan

que tú inspiras... tapiará los sepulcros

de sus cuerpos, guardará la viña.

 

Navégame un poco más allá

de la bruma tan espesa, allá

donde hay mesones, llévame.

Asómame a escondrijos

de radiaciones cósmicas, formas

aún por inquirir, mas no espectralidades.

 

¿Cómo estarán ahora esos hermanos?

¿Cómo Chato, mis padres, mis abuelos?

Amigos muertos, héroes que amo…

¿Serán como precarias masas

de la atmósfera, metagnomías 270 veces

más pesadas que los ojos del átomo?

No importa qué electrones.

 

Llévame a verlos.

Revélame sus almas, reencuéntrame

con sus miradas y sus cuerpos.

 

Muéstrame a los viajeros del desierto,

a los que llamaste cruzadores,

aunque fueron ladrones en el Kimtu,

o mercenarios rumbo a los caminos

de tus Lugares Santos en los Montes.

 

2.

 

Abre, entonces, tus ojos, Carlos,

tus ojos interiores, ojos en el Zohar,

iris de troubadour, boca

de «dolce stil nuovo», tus ojos

tranquilos, pero de chispa picante

(la guerra verdadera la tienes

en el alma, curioso olfateador

de mis memorias), Zorro viejo.

Te diré a dónde van y quiénes son

los que a la otra orilla va llevando Caronte.

 

Puede que los escuches, puede que sólo lloren.

Algunos han sabido que se han muerto;

otros no. Todavía creen que sueñan solamente

o que bebieron mucho, o que les juegan

sus bromas de mal gusto los extraños.

 

3.

 

Esta laguna es cualquier punto

del alma; como Estigia la designó

el mortal en su «para sí», forma

en que como tales viven.

Es pues el recuerdo tomado del azar

y del rincón de los mares,

aguas en que nacíste.

 

Será, después del viaje placentario,

que una No-Eternidad ha maldescrito

esa mirada desde el puerto de los días.

 

O tal vez Estigia se argumenta como punto

de nostalgia, vínculo renovador del río uterino,

el más heroico, cuando inocencia

aún tenía el varón / la mujer,

matriz «en sí» del ser,

porque el «en sí» es eterno,

eterno y femenino.

 

Una vez asomados a la charca

de la existencia bruta, amarga,

la Muerte existe.

 

Díme si conoces con amor

afluentes de tu barrio y de su orografía.

Díme antes si hay quebradas

en la tierra aún no saladas

por la violencia del hombre.

 

De otros mundos y vidas

a los que díste pisadas y olvido,

he de pedirte cuentas, Carlos.

¡Te están haciendo Tu Carpeta,

obreros de las delaciones

y ángeles son que visten

como mirlos e imitan la voz

de los lenguajes,

desde su pico amarillento!

La Estigia puede ser El Nilo,

el Sena, el Ter de Catalunya.

Culebrinas, Guajataca,

o un pozo en Mirabales.

O un Salto del Guacio.

Infinitas son las hijas de Cefiso,

dios de las aguas oscuras

de las que beben los muertos.

 

4.

 

5.

 

a Jean Paul Sartre

 

 

Hay una muerte que se vence lentamente;

una muerte que no tiene mentiras.

Ella pone más presencia del ser en el mundo

y a los hombres cobija.

Los observa desnudos ante su mirada.

Los viste. Los nutre. Les propicia la Dharma.

Los vomita desde Aquel que los devora.

Con la ofrenda es posible.

 

Litando la alabanza, sacrificándose

en la Tierra de los Vivos, sin esperar

baúles y tesoros de bienaventuranzas,

las gracias de cada quien y privilegios.

 

Lo único que nos revela inagotables,

dignos del infinito, indevorables por Cronos,

es este sacrificio, la muerte linda del dar

con darse desinteresado y profundo,

dar aunque sepamos la existencia

signada por absurdos: haber nacido

y tener que morir en medio de este abismo:

«la nihilización siempre posible de mis posibles».

 

6.

 

No se trata de las renunciaciones.

No del cadáver del Deseo.

No de una moneda colocada

en la costilla o la boca del difunto.

¡Esto se paga en vida,

venga o no venga la Muerte!

Esta es la virtud anticipada

y la gracia trascendente,

la bendición a tiempo:

¡Eros, eros, eros!

 

 

7.

 

No me los llevo al infinito, Carlos.

No estés triste por ellos.

Volverán a lo mismo, en breve:

Mingo La Perra a trepar el palo,

Sabino, a la albañilería,

Cornelia a santiguarnos.

A rezar, La Puerca y Pascasio.

 

Un palo encebao es la vida

de ellos, sus habitáculos en el yo,

en la autohisterizaciones,

en las norias del buey

y lo alienado.

 

Estas gentes no tienen plenitudes.

No son del Uno, ni sospechan

a Spinoza, ni los otros lados

de la onticidad y sus universos.

Están verdes y crudos,

sin comprensión primaria

de los cinco sólidos perfectos,

apenas balbuceantes

en sus metafísicas.

 

Van a sanarse después

de mucho herirse y regresar

a herir, después de mucho sanarse.

 

8.

 

Cuando vuelvas de este viaje

desde el centro vector de tu futuro,

cuando regreses, punto en Uno,

del lado que elegíste,

a todos los que puedas,

a tu familia, vecinos, conocidos

de toda laya y todos los colores,

dí que víste la Dama, Soror Mistique,

y que Ella es la Madre que los ama,

la siempre fiel y femenina,

la siempre llena de gracia.

Que al varón, cualquiera sea,

ella quita la angustia todavía.

 

Sea rica o sea pobre,

Ella se posa en el otero, tiene altares

en lo recóndito del ser, en campo abierto

y late y te mira con ternura,

te limpia los latidos con el habla

suave, dulce, misericordiosa.

 

Tú recuérdales La Flecha

en Sagitario, su lugar del firmamento

que apunta al Norte; en la ruta

del Camino de Santiago

y díle: «La ví y la amaré ad aeternum».

En la noche de San Juan, da el mensaje.

 

Ella es quien recibe a los que llegan

a la Boca del Cero, que es la Nada,

antes de pisar las moradas

de sólidos perfectos.

 

Díles que la víste en un templo de la bruma

y que cada esquina del mundo tiene

a una de ellas, Cefiso lícuo, río

de los muertos, es sólo un nombre

del agua lavadora, ella hecha agua,

ella, jabón de higiene purificadora:

misión interior, edificante: la catharsis.

 

Vuelve a la tierra con este recado:

«Ví La Dama, la hermana / madre /

bendiciente del hombre, la Gran Consoladora,

el verdadero bíos, el vínculo de amor

en el centro vector del Extremo Futuro».

 

9.

 

Dílo porque gigantes del escarnio

dijeron en Corinto que Ella es venganza,

eco que retumba con su risa macabra

los cuatro costados del mundo.

Que es lujuria violenta, sexo criminal,

putanga que paga su holocausto

con vidas de inocentes.

 

Ellas / Keres en derredor de las piras hedientes,

danzan con sus amantes y son hermanas

del maldito Destino, condenadoras,

érides de discordia y burlas del Erebo.

Nada de éso, Carlos, hasta los blasfemos

se dan derecho a la mitología.

 

10.

 

a María H. Escoda

 

Te presento, visitante, a la ker verdadera,

la Cesta hermosa de tu alma,

donde la Dama puso su presencia,

su realidad, su teorema.

 

Ella es la palabra de pase.

Tu boleto de entrada. Invócala.

Con Ella descorrí la cortina de la Niebla.

Al decir su nombre, se autoriza que irrumpas

en el paisaje de otras vidas y te leas

en la barca y despiertes

para el viaje consciente de la Muerte.

 

Dí conmigo, al confesar su nombre,

María, llena eres de gracia:

Y gracias por la Cesta que enriquecíó

mi existencia con virtudes.

 

Mírala, Carlos, y tiembla y llora

(estás a punto de hacerlo)

porque hermosura más grande no existe,

nunca la verás como hoy, radiante,

resplandeciente, espléndida.

Es la dama que brilla y observa

el Lago, la Laguna, el río de los adioses,

los estanques de olvido, el dolor

y la memoria.

 

La más joven es Ella,

La Dama del Occidente judaico-cristiano

que te corresponde, la has visto y olvidado

como todos los hombres, externos y apáticos,

mas ella no. Te dio la cesta

y el don de bendecirla, invocarla,

llevarla a tu espacios en el mundo,

para que aprendas a sacar del fondo

de la psiquis, lo que eres y ella es,

lo que anhelas y ella anheló y obtuvo:

el poder creativo,

el encanto,

la belleza,

la naturaleza pródiga,

la justicia militante,

el júbilo y la intuición del intelecto.

 

11.

 

Llora, Carlos, porque la muerte

es mi nostalgia y el destino-en-común

y el ser-con-otro, y no hallarnos

a veces, tantas veces, de contínuo,

cuerpos-vindicados-puros,

cuerpos de Cárites en el humano.

 

… pero yo estoy contigo, te dí el peso

de ker, el alma, y una cesta

con algunos de mis frutos, tu alimento

cuando creas que te falto.

Yo sé que me has amado

(tú, como pocos) y me has necesitado

y, aunque no lo sepas, he estado contigo.

 

He permitido que me veas

como una madre, como una amiga:

así me encarno, sin que me digas

Soror Mistique, Cárite, misterio, musa,

Angelita, Gracia, Eterno Femenino.

Tú me necesitas, lo sé.

Te agrada mi alimento.

¡Pues te bendigo!

Has comido mi nombre

y de mi dones y en las mujeres

te he querido y deseado,

me ha gustado lo que cantas

de mis sexualidades.

… me ha gustado

lo que preanuncias y defiendes

de mis festividades…

 

12.

 

Cuando vuelvas a tu allá,

donde quieras lo decidas y ante gentes

que yo pondré a tu lado, dí con tus palabras

y otras que echaré en la cesta más hermosa,

en almendras de tu emoción divina,

en alta amígdala de tus nervios humanos,

en memorias que doy desde las aguas,

que la Madre existe, coauxilia,

que la madre quiere un templo

y un templario, jinete que monte

consigo compañera,

navegante que pilotée

una barca

y reme en los riachuelos

del encanto.

 

13.

 

Seguramente, tú querrás

el regreso a ese pueblo

donde yo tuve un Templo

y te conocí con otro nombre

y otra piel

y otros huesos.

 

.... un templo para mí es la Vida

y la alegría más pura

porque no existe legislación represiva

ni venganza; un templo es fe,

deseo, pasión, esencia,

la voluntad natural de pobladores.

Yo tuve una comunidad

que sí... me amaba

y tú estabas allí,

adivinabas mi alegría.

 

14.

 

En ésto creo, Carlos,

y lo escribiré como una carta

para un enamorado. Pónlo

en la cesta invisible que te doy

con aroma y mandato de mi alma.

Esto dijo Atabey en su descanso eterno;

ésto lo dijo Irene, matrona que recibió

al herido y desnudo Sebastián,

asaetado en poste del Estadio Palatino:

No morirá del todo la fe,

la santidad del hombre

y su conexo histórico.

 

15.

 

La muerte es santa, Carlos,

pero hay una muerte que hipnotiza,

mentirosa propuesta de los destructores

y no es mía y no me representa.

Ebriedad es. Sopor de un limbo innecesario.

Acaricia con uñas largas aún a los vivos.

 

Con dientes blancos y ojos severos,

miente, sonriendo, bebe la sangre oscura.

Cuando veas a los que te aman

o pudieran llorarte, dí que la muerte

a la que irás un día, no es tipo de condena.

 

Es muerte verdadera, cesación,

meramente. Ella no me suplanta:

te recibe La Dama, la Cárite más bella,

el esplendor, el ángel.

 

Tú no mueres en verdad, Carlitos.

Vienes a verme por un rato

y me pides que te restaure el ser

y ponga júbilo y dones en tu alma:

el eco de mi voz en el corazón tuyo.

 

16.

 

A George Simmel, primer sociólogo de la modernidad,

sicólogo de la acrobacia y la pirotecnia, hombre sin

base firme, retórico neobarroco de la transitoriedad…

 

Estos son los discursos sobre la muerte amarga,

la agonía ad hoc, defunción giratoria,

el sepelio insoportable, el petardo,

la disolución infernal, la Nada victoriosa

y el nihilismo. Aún sabiendo la directa relación

entre la vida y la forma, ellos nos van al fondo,

menos se ponen en tus botas.

 

No lloran con la ralea sufriente

que pide tu café, el asma de tu madre,

la tragedia, el disparo, el cuchillo rayado y afilado

con la brea de una orilla de tu calle.

 

Ellos buscan el espíritu del tiempo

como se busca un chiste en el vacío,

un peo difuntal entre utensilios,

una definición impresionista de la Nada.

 

Con expresión básica de instintos

no van a la fe, sólo la mientan.

Huyen a los saltos, leaps of faith

kierkegardiano, intrahistoria agónica,

senequista, goyesca, unamuniana.

A la esperanza no le daríán su hóla

olfateando la pasión.

 

No saben el discurso,

la queja existencial, abierta y dolorosa,

el don, la hondura del ebrio...

el despreciado, Moncho Lira,

lo histriónico, oratorio, de María Culito,

la pobreza dura, el esfuerzo, el heroísmo

de Millita, el hambre en la misericordia,

la reunión de los pobres por un caldo

y zapatos, o trapitos nuevos y fiambrera

que les brinden los Torres y Boultrón,

Cheo El Indio, o la cajita de muerto

hecha por de Don Aguedo.

 

Para tus días, sobre la muerte

inventan estructuras y cohesiones sociales,

el dominio, el puño atroz, la Mano Invisible

del estragulamiento, para que no se construya

un yo maravilloso, ser-con-otros

projimal, destino comunitario, benévolo.

 

Del libro en preparación «Yo soy la muerte»

de Carlos López Dzur

 

*

Publicado por elzorro2 el 20 de Julio, 2006, 20:28 | Referencias (0)

 

 

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