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Julio del 2006
Narrativas del Yo cesativo
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En la noche no duermo. La muerte me desvela.
Viene como el aroma. A pique estará de la ribera.
Adorno imaginario será de mis persianas.
Sin embargo, ahí está como brisita fría,
origina un resuello bajo mi sábana.
Entra a mi almohada. Juega, salta la cuica en la cama,
me pega muslos friolentos. Bien que diría:
No existe; pero, al final, con leve voz, la escucho:
¡Yo soy la Muerte, Carlos, De natura rerum!
Este es un mensaje químico. Conclusivo.
Con ese olor se insinuará la hembra.
Una Dama es. Evocada como Madre de la Madre,
Madre-Tierra, materia prima, oscura y vil
para quien no le ama y desprecia
los dones de sus cinco sentidos.
«Ven a mi hiperespacio por tan sólo una noche».
Me enseñará la rosa de su mano, un cubo,
un sendero, la escalera, los dos mercurios,
el último obstáculo y la Nada.
«Quiero enseñarte sobre el gran arte
del morir», me dijo Ella, mi Loba.
2.
No. Ella no es madrejón ni seco río.
Ni habita siempre en el hiperespacio
más allá de las tres dimensiones conocidas.
Le gusta la superficie toroidal de mis ejes
y unce las toroides de mis planos
y a mis cabrillas las vuelve torbellinos.
¡Ay, Bicha de Balazote! me has despertado
y en el rescoldo de mi angustia te apareces
y escardas de mí lo bueno y quemas
de mí lo malo. Con tu piel me coses
un velario. Con tu memoria me compartes
la narrativa propia de mi yo y el Olvido.
Y me dices: «¡Regístralo! ¡Enano!
Dílo al fondo de los alveos,
flúyelo con tu palabra cantarina...
¡A nadie ya gusta que les hable!»
Soy la Dama Maldita, el aquelarre
de los viejos nitritos, lo volátil,
la sublimación expresada en paloma
que irrumpe del humo del dragón
y se desciende como águila
sobre rocas de sal y amianto.
3.
«La sangre de la que se nutre el dragón es el espíritu universal de las cosas»: Marie Madelaine Davy
Y aquel Dragón verde amaneció sobre mis ojos;
me comió poco a poco la nariz, mis labios,
me dejó una nuez por garganta, su dulce imperio
de alas por brazos; sólo me dijo: Sígueme.
Dirá que ha de querer de mí...
el Yo cesativo, razón interior que en el corazón
tiene la bestia que es llamada el hombre;
un animal es, aún no acabado, aún segundón
para llamarse Libre, dueño de los ámbitos orientativos
que competen a los dioses; el yo sicológico
es un resuello de luz del grupo fosfatado;
«pero yo doy más, Yo La Muerte, aún a los galfarros,
ociosos de la obra, Opus Magnus
de la vida y la muerte doy el TODO».
Y para no dejarme en la estacada a oscuras
con buitres del lamento, me escondió
como si la Eva mitocondrial ya me supiera
su perfectible fruto, baya caída / o más bien arrancada
de sus manzanares. ¡Vaya que roban a las Erides!
En el bolsillo de su plumaje, quepo
(y no digo que voy, me llevan)... pero también lo he querido.
Me llevan, ceso en lo precario, pero soy valioso,
me llevan como primer ser creado de su ADN imponderable,
molecular, visible, en la esquina de este mundo
al que se dio su nombre, Madre-Tierra, Tierra Mía
Dama mía que me llevas, bicha mía que comes los ojos...
Supe muchos de sus apellidos y nexos
con las siete hijas de Eva, vientres son
(en que han nacido varones
con mitologías heroicas y custodios, sabios
de todos los lenguajes, geografías y colores,
casi todos temidos, quemados en hogueras.
Ahora, sin ojos veo más que que el vidente; acuérdate
de los Ciegos Divinos. Oyendo su corazón
ya me parece que escucho lo que está
más allá de la molécula, la divina palabra del Vacío.
No es que me hable sobre 16,569 pares de bases,
círculos de longitud y proteínas. Estoy dentro
de las hélices mismas de la Vida
tan pequeño como los fotones.
«Y mensajeros hay como yo y como ella,
tu Divina materia, en irrestrictas formas,
y podemos ser gigantes como las nebulosas
o minúsculos como un grano de mostaza,
o la chispa en la sinapsis en las redes neuronales...
y puedo ser la que suba a tu cama,
presencia de carne y hueso que deja
que la asalte, que ebullicione de amor
tu instinto en la caldera,
o puedo ser la que te arranque de los huesos
y se vaya contigo a espesuras etéreas,
al ego cesativo que te llamó a los sueños».
Aún más, dioses han conocido mi nombre
de igual modo como yo doy los suyos y no es sólo hoy,
todo verano vendrá con lluvia, lamerá mis párpados
y Ella me comerá los ojos, vendrá y estaré en duermevela
y yo, Carlos pupa, invocador de lo Eterno, volaré a los silencios
de la polimerasas; entraré a entramados de fosforilización oxidativa.
Dondequiera que sea que me lleven, iré con gusto.
Gasté muchos años en quererlo, en comer esta nostalgia.
Iré con gusto a ver los ángeles de mi niñez
porque si bien ya no viven, con nosotros,
algunas veces regresan. ¿no es cierto, Doña Fita?
5-3-1989
4.
Te contaré que muy pocas veces fue feliz el mundo;
pero, con las geografías generosas,
yo fui madre querida, rueda de timón
y Sirena y pez, con rumbo, alegría.
El mundo es un dolor de parto,
permanente estado gestatorio,
incesante sucesión de formas nuevas,
molicie atroz de lo caduco... mas canta,
poeta, las creaciones, no pierdas la memoria
de que yo también sufro y canto,
y estoy muerta por tí de amores,
deseo que tú perdures y me cantes.
Quiero que afirmes al mundo y lo quieras.
El mundo es una campesina de pies ligeros
(una campesina muy hermosa)
y si le das un tambor, no es perezosa,
bailará ante tu flauta y serpiente
(endurecidas)
la melodía más dulce:
Libertas a fundamento.
Elige que harás con María Songo, flor y pepa
del ritmo, cadera que armoniza con los otros
(cuídala del exterminio porque a mí
me extermina quien extermina al prójimo).
Y yo, tan pajarona, distraída por amor a los gozosos,
no muestro al rival mi otra cara, la Guadaña homicida.
Quienes no autotrascienden el ser que los limita,
desorganizadas hallarán sus relaciones afectivas
y preguntarán por qué es así, y les diré:
¡Golfarros, no buscaron el Ser Real
ni la fuente bendita de La mujer en el fango,
no bendijeron la Loba, la Zorra, la Sabia Muerte.
Se rieron del mundo físico y sus causalidades,
se rieron de la necesidad del necesitado,
se rieron de la pepa que está dentro del fruto!
Tú... ama mi fango, hijo mío,
que yo de lo turbio forjo La fuente de aguas cristalinas;
la Muerte es filtro, del fango es alimento.
Tú, medita en mis huesos, siémbralos en nombre
de la Guenda; yo, los haré semilla que se pudra
y florezca y sea un vestigio al fin de lo nuevo
en tus ojos y en tus pasos.
Esta es mi palabra: lo que te doy no se vencerá
ni la estacada de nuevos abandonos.
5.
Tampoco encontramos nunca lo inicial en el volverse historiográfico hacia el pasado, sino en el pensar rememorante que piensa a su vez en el ser que esencia (das Gewesende): Martin Heidegger
Ahora que te preocupa el recuerdo
(sin que pienses en lo ya-sido esenciante
que es que importa, la destinada verdad del ser),
te doy este consejo: vive el hombre en el imperio
de la inesencia, vive entre entidades maquinales,
abandonado a su tribu de creencias,
presupuestos teologales, encubiertos de tradición
de codicia, crimen y sofismas; el lenguaje
es la perpetuación de sus metafísicas,
el recuerdo, su fantasma abstracto,
signo de sus bestialidades; el gozo fascista
del poder los engrama y legitima
sus dizque aportes a la historia,
realpolitik de acción violenta
y agresión incondicionada.
Llámalos desde hoy como yo les llamo:
matricidas, hijos de la venganza,
seres no fraternos, demonios del aire.
Nómbralos, sin piedad, pero no seas
como ellos, porque el malagradecido
se aparta de mi presencia y de mis bendiciones.
6.
El ente es. Su ser contiene la verdad de que es
y el privilegio de lo incuestionado: Martin Heidegger
La narratividad que te doy del Yo que cesa
que sea tu alegría; sólo doy el ente verdadero,
realmente efectivo, simple, puro
para que sea multiformidad
de tu voluntad; otros te dan demonios,
espectros en el aire, transmundanerías
para que siga el dolor de los pobres
en manos de los luchan por el dominio planetario.
No. Para hijos, en carne y hueso plantados,
doy la amplitud irrestricta como herencia,
el crecimiento ilimitado como gracia,
libre albedrío, magnus opus, de delicia
y la palabra de pase es: Elije, produce,
porque potencialmente infinito fue, ha sido
y será este misterio mío...
La LIBERTAD es PARA el mutuo gozo,
la producción, la responsabilidad y la vida.
7.
El recuerdo que se interna en la historia puede ser el único camino transitable hacia lo inicial: Martin Heidegger
El yo que cesa... ¡feliz se va!
Regresa al estanque donde estoy
(o lo espero, presta a quitar de sí
su olor a grajo, su angustia,
lepras mistificadas, contigencias.
Va contento el yo cabrón.
El dolor se los deja a los llorones
y el gozo se lo lleva consigo.
De incertidumbre y ambiguedad,
lo instintivo que se arrastra
por un hecho perdido, lo limpio.
La batalla de no resignarse
(si estuvo siendo la monda de quien lo burla
y lo escarnece) la ceso. La quito.
Alégrese la pajarilla de su alma:
ya no es un yo cesado, censante,
cesativo, sin trabajo, ad perpetuum.
El Yo que tendrá cuando regrese es un SER-PARA,
ser-para-el mundo,
ser-para la libertad,
ser-para el Gran Sí y para el Gran No,
¡oh, ser dialéctico!
Yo gregario, vinculado al NOSOTROS.
Un yo, con libre albedrío.
El Yo que es enemigo de las trampas
y el azar, ya no es Güica oralizada
en leyendas de necios,
en burla de bastardos.
Su madre existe.
8.
Lo que doy a los cinco sentidos
es demasiado generoso, cada vez es más rico.
Es un yo-casi-glorioso y si lo piden lo doy
y si lo toman por ser poco, lo retiro.
Te diré que soy llamada Vanadis
y mis templos tuve y tendré en los cielos
del Norte y en las cuevas de Vikingos
y de Vanes germánicos; se me invoca
como Freya, la más puta de los Ases.
Y me dijeron maga, curandera, pitonisa
porque soy más sabia que puta,
pero más ardiente y bella
que las joyas de las Valquirias
y la Maya.
... Yo soy La Muerte, Carlos,
y dispenso la Luz en el yo cesativo
y con mis besos regenero a varones
de débiles potencias, doy libertad vital
y liderazgo; pongo en los inviernos
del abrazo la erótica y mi alegría se avanza
en otoño, en verano, en primavera.
En un manto mágico de plumas de águila
te guardo, te subo a las nubes más altas,
a predios del hiperespacio.
Te he llevado a mi palacio en Asgard,
donde recibo por Odín las almas de los muertos,
donde amo a los dioses del futuro.
a los enanos que trabajan con mis cinco sentidos.
9.
a la primera entre las Valquirias
Amo a todos los varones en Odín,
a todas las hembras las compadezco en Od,
sufro las tristezas de cada ser y mis lloros
son los ríos de la fertilidad, el canto erótico
de ser-en la voluntad inmensa del Desear...
Mis amantes son como tú. Están
llenos de deseos, otros exacerbados;
todos son táctiles, les dí peso y dimensión,
así los quiero; unos oyen y no saben que oyen,
pero son ruidosos, lamentadores, importunos.
Me gustan los amantes que oyen
(me gustas por eso). Cuando hablan
en realidad meditan, Carlos; o simplemente
me invocan con nostalgia, ¡como tú has hecho!)
Me gustan los enanos que fabrican
collares con lo que más me sobra
(el oro de mi llanto); ellos lo transforman
en arte gigantesco, en estética profunda.
Ellos me piden el cuerpo; a caricias
y besos me redimen mi llanto. Me secan.
10.
a Dvalin, Alfrik, Berling y Grer
Voy a las grutas de los orfebres
pequeños. Hoy el arte se produce
con fanfarria y escándalo;
no voy tan a menudo ya;
nada que me guste encuentro.
Nada. Los joyeros ya se suben
a las cimas de su propio ego.
Los obreros de la voz son
impuros soplapotes y su aliento
son gárgaras. Ya no son melodiosos.
Voy a la gruta, cuando la Tierra
es seca, cesativa y mi lluvia veraniega
hace falta como vagina de creación
y estímulo, cuando seco está
el mercado de los soñadores.
... los hábiles son los únicos humildes.
No se aupan en las alteridades
ni en las vanidades de su conocimiento.
Cada sentido es un punto que se hila
en lienzos de mi carne; nada de mí desean
(los hábiles, los generosos, los amigos)
que no sea el aliento de mis besos.
11.
Cuando ví la joya / gruta / templo
de los enanos fieles, amé por ellos
la Humanidad entera y ofrecí
mucha gloria, oro en la abundancia
de El Dorado, ciudades de Jauja como perlas,
pero nada quisieron, NADA de ese metal
a cambio de la joya que motivó mi gusto.
Me pidieron sexo, acuéstate conmigo,
enróscame en Tu Noche, juventud eterna,
vejez voluptuosa, hija de Niord, hoy
que seas del enano, con los ojos ardientes.
Mañana del enano que administra el olfato,
luego serás del orfebre que creó un nuevo oído
y te espera, lector mudo y pequeño
mas quien conoce tus antiguas feromonas.
¡Ay, esos enanos cargados de deseo!
tienen vivos los sentidos, saben
como subir a mi púbis, comerse
la señora, la Dama de Frau Freya,
la rosa, el nido, el sendero mutuo
para la libertad del fundamento.
12.
«Somos independientes de la esencia del mundo y dueños de ella»: Ignacio Falgueras Salinas
Yo visito las cuevas de la Humanidad.
Entro lo mismo al palacio de Odín
que a la gruta de los enanos.
Amo del zorro que hay en tí, tu voluntad sincera
y tu inteligencia presencializante.
Me gusta tu relacionalidad
(por amar te vences a tí mismo).
No esperas premio... pero, yo
para tus cinco sentidos, me desnudo
y, atrévete, te voy a dar las libertades.
Libérate en mi cuerpo. Quiéreme.
... porque tu sociedad es bipolar y maldiciente;
ya no cree que tiene un Ego cesativo,
ya me piensan majúa, puta vieja de lloricas,
insignificante madre de la madre,
abuela peluda, desdentada, pordiosera.
(Tú, no hagas caso: ¡Amame!)
Es que no me conocen. Ellos protejen
sus ojos que para nada digno les sirven,
ojos que vieron poco no son ojos,
son báculos de ciegos, sus mediocridades;
si no aprendieron a usarlos para bien,
ciegos son para mí, aunque vean externamente,
la externalidad de lo hermoso, lo desfigurado,
el horizonte de lo adorable, lo temible.
Oyen y oyen en demasía el gemido de sus atrocidades,
el cañón sonoro de sus exterminios; en vano se le dio
la oreja, o más en vano, se le dio la boca,
el rugido, la señal verbal que enriquece
el tacto y el afecto y las ganas y las oxitocinas.
Maldito sean en la muerte lo que me oyeron
y me dieron la espalda y, en el regreso finito
del mundo, se quedan con los entes desencializados,
con el trámite maquinal de las mentiras y los distanciamientos.
«¡Es que no te conocen!» ... pero yo les conocí.
Pues tú, desde hoy, aprende que no bajo
a la Tierra por ellos, que no subo al árbol de la vida
por seres que no tienen ojos (ni distinguen los frutos);
no me interesa ni el sordo ni el ciego, ni el mudo
que enmudece, teniendo voz y calla, porque el cobarde
halaga, habla cuando le conviene, verbaliza en su decir
su contento, su ventaja, su charlatanería.
Dí, desde hoy, que me has conocido
(¡a La Dama que tienes extasiada
con el Yo cesativo, con la joya de oro
de tu canción temprana, hecha de enana carne,
pero de intensos fuegos, pequeño Carlos!),
la has conocido e identificado, no olvidas
a quien te come los párpados a besos,
no olvidas a la más puta puta
entre las masas dionisíacas de tu canto,
tú que crees en la Voluntad afirmativa
de lo hermoso (¡yo soy lo hermoso, Carlos!),
tú que crees en los juegos heraclíteos
de lo finito y lo eterno (¡yo soy la plenitud
que ya esperabas, la muerte que te quita
lo finito y te absorbe y te come los ojos
y se enfanga contigo en plexos de sol y abundancia,
de misterios, ocultos más allá del lenguaje
y las lógicas absolutas y viles certidumbres
de los poderosos, autócratas
de metafísicas de engaño rastrero!)
13.
Hay hombres / bestias / entes / seres que yo no quiero ver.
Son los que dejaron de pensarse como egos cesativos.
Me dan asco y no voy a sus camas a entregarles
su futuro sepulcro. A ellos no les cierro los ojos.
Yo no. Otros que sean los que susurren
una mentira para ellos: «Están muertos».
No me arropan las colchas de esos cadáveres vivientes.
Me gusta más tu cobija y tu cuerpo desnudo
que me adivina, me acaricia, me sube con manos
tiernas, esplendorosas, pequeñas, al estómago.
¡Tú me has amado, me invocas, me respetas:
tú me llamas hermana, madre, mujer, amante,
materia prima de tus ansias, pulpa femenina
de tus sueños! ¡Cómo me amas, enano,
desde la flor de tus cinco sentidos!
Me siento más bella cuando tú me quieres.
14.
Los egos cesativos no son en su propia opinión
entes reales, puros, originariamente dignos.
Sin mí no pueden serlo; yo sí les digo
objetos míos, yo sí les bendigo y les proveo
lo que no cesa, lo que sólo halla su infinitud
en mi belleza y mi verdad, en mi magnificencia.
15.
Desde hoy me llamarás
Deseo / Alegría / ausencia de tristeza.
Que sean otros los que me digan
Puta Muerte / hechicera / choripanta traicionera.
No tú, Carlos, orfebre de palabras. Cántame
como canta el beso tierno a los labios.
Admira mi boca roja de vanadio.
Abre mis muslos, mira la charca en que nacíste;
sumérjete en mi parto; nazcamos juntos
en el amor de la voluntad de belleza.
Te prestaré la joya de Gersimi.
Te haré nacer en la luz de los mares.
Edén llamaré a tu isla, alcoiris su libertad.
Libre albedrío, tu consciencia.
Tu nuevo Yo, el que no cesa,
lo fundaré en el acto que se llama Armonía.
16.
No, no. No, enano mío, hijo de mis fuegos
interiores, pez de mi Obra en los cinco sentidos,
no me llames Deidad ni diosa ni Autoridad ni super-Ente.
Tú sabes ya, te lo dije, cómo vengo a la mujer y al hombre.
Tú sabes el dolor ontológico del Parto e investigas
la Gran Obra del misterio del Ser, tú, heiddegeriano
gorgojito de mi gozo, gusano de Jacob.
No me llames Diosa ni te escondas en miedos ancestrales.
Tú sabes quién soy: ¡Yo soy la Muerte!
17.
continúa
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Publicado por elzorro2 el 31 de Julio, 2006, 19:05
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Barcas de la gloria
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Chacun a son gout, chacun a sa chacuenerie...
El Diablo tiene su propia idiosincracia
y le gusta vestirse de barquero,
navegar a los suyos por la Laguna Estigia.
Allí ví... hijos del Desastre,
prole de la Mano Invisible.
Y escuché el monólogo de quienes creen
que la gloria reinvindica todo acto.
En el fondo se sienten fracasados.
Devaluados, cagados, infelices.
... Acaece de una buena vez
que si es que muero, será tu barca
útil a mis vindicaciones,
dijo un difunto, el más extraño
de mis bitácoras en el akasha de mis días.
Acaece que me incumbe estar vivo
en biología, en un espacio aquí
donde flotan las remembranzas,
el estercolero del continnum,
y me aflijo por el Ser o No-Ser.
En esta barca me quiero, Diablo.
Dáme Tu palabra... Que, contigo
en el Timón, tendré viaje. Destino.
¡Vivir es lo más incierto del jodido camino!
2.
Sólo desde el modo en que el hombre concede a la reinvindicación del ser la palabra de respuesta, puede irradiar desde el ser una reinvindicación de su dignidad: Martin Heidegger
Ser apropiante, dáme la reverberación
de los destellos para la esencia verdadera.
Que no conozca la inquietud de la carencia.
Que descanse sobre mí la riqueza
y la abundancia de lo simple
que, en la inicialidad, me precisa
como un niño digno de nacer
y como un nacido, digno de morir.
4-12-1988
3.
Marcianita Echeandía Font ante El Diablo
Desde lo ya-sido, mi voz
se hizo rebelde, secular, protestataria
y mi historia es la de una familia universal
(yo la llamé la Patria, el Ser-ajeno).
Voy con pordioseros, perros fieles, gatos
que me velan la falda, los libros
y una fruta y un pan
y un poco de mingalo.
Los textos oficiales no dan
mi corazón descrito ni mientan
mi identidad, mis luchas, soledades.
Una razón tengo por verdad
y la arrastro por cubujones de la diáspora
y el universo ha sido, casi siempre,
indiferente; pero, no. No me lamento.
Crecí, hice cuanto me satisfizo;
me odiaron y me amaron a destiempos,
pero, ¡qué multiforme es la voluntad
y sus necesidades apremiantes,
qué misterioso el inicio de las verdades,
todas ellas, con las bellezas que a todas
es asociable, qué maravillosa es la paradoja
del contínuo y aún el Acaecer
sin necesidad de obrar por cuenta propia!
3-2-1987
4.
a la generación de 1925-1945
En el siglo del Hombre Común,
ya no hay pleitesías ni ceremonias
ni rituales sobre la alfombra roja
de las cortesanías.
Esta es la democracia de los miserables,
besos de culos prietos y ósculos
de gringuerías autómatas y hediondas.
Al comienzo
la Generación Silenciosa
fue llamada la mecánica,
tuerca de reincidente chupamirtos del Norte.
babanca, hija de Cebollina, la sureña Muda.
Nada tuvo de pre-olímpicos garbos
este Nadie de hoy, Don Nadie,
Don Salame, Don Pendejo de ayer,
San Petardo hoy que apretujado
aún va en el puño de su Estatismo mentiroso
o en fantasmas de Altísimos Poderes,
lo Invisible, informal, despersonalizado...
A este hombre común, ¡pobre de él!
lo asechan todavía los envidiosos
de rango: místicos, parásitos, Carpetbaggers,
mentes profesionales, alienadoides,
obsesas con el crimen
y el altruísmo-destructivo.
El individuo está a merced
del Viejo Samarugo que define
el Deber, la Obediencia, el credo
desde su tribunal y su peluca blanca.
No se ha cambiado mucho:
estos seres que vienen a la barca
(con reclamos de gloria, Gil Vicente)
son infelices, letárgicos, torvos
inherentemente destructivos,
dictatoriales y creyentes
en las múcuras
de unos amigos ricos,
o parientes con poder.
Abren los ojos ante los abogados.
Saber de ley dará prestigio.
De ley mosaica, talioneros,
se formó su concepto de glorioso,
del ser / tener
lo indispensable,
lo único.
Quieren hijos con el título:
tú, por bobo, a la caña;
usted, por listo, abogado,
tú, por taruga, a coser y bordar,
a la cocina, a la iglesia;
usted, por fuñir y joder con los extraños,
financiero; tú, médico en la familia...
Ellas, lerdas, sumisas,
yeguas del zolocho, visitan
las sociedades (pocas intelectuales)
más bien, círculos donde, al fin y a la postre,
se destruyen los valores productivos,
se atajan los sueños con sustancia.
Sueños que se quedan colgados,
entre el hipocampo que los fija
a la memoria, utópicamente tercos,
y el sistema límbico, desafiante,
socialmente censurado.
5.
Los padres son agresivos y tradicionales.
Los silenciosos no se tocan.
No se llenan de besos,
no se abrazan en las esquinas.
Quieren ser puros porque Dios
es la mano del Destino y tiene un rayo,
el cinturón del castigo,
la Vara con que ataca a los ruidosos,
a demonios antijupiterinos,
a niños, hijos suyos, raros
por darse besos, o descubrirse
a destiempo los genitales
y no escupir a otros.
Los padres quieren ser portadores
del pánico atenuado y la Política del Estado
(sólo que sin la Ceremonia del realismo,
o las parafernalias de la Vieja Monarquía);
pero «son los mismos», decía María Culito,
son los mismos porque, aún amando
suficiente, en demasía, se callan.
Castigan, dan palizas que matan,
sí, que la inocencia corrumpen.
No piden el amor ni fiado.
No te dejan a crédito las caricias debidas.
Son los privadores del movimiento
(no te sacan los ojos, no,
ni te impiden que escuches
ni que huelas ni que hables),
pero te tienen a su lado.
para disciplinarte
y no perdonan.
Son rigurosos.
Te vigilan, silenciosa
y sospechosamente,
no sabes por qué lo hacen
si tu delito es tan poco.
6.
a Chilín y Marcianita Echeandía Font y a Luisa Bottari Rico
Ellos no eran así.
Ni Chilín ni Marcianita
ni Luisa Bottari Rico, la jineta.
Nacieron en la generación equivocada,
víctimas de los mismos rigores.
Ninguno / ninguna heredó
el silencio, el Crátos del despojo
ni la talega pudrida que dan por karma
a mamacallos, hijos de su sangre,
Esa nostalgia de la cesta hermosa
(que las Cárites por alma te colocan)
sigue abundante, palpitada en ellos.
Ninguno / ninguna se quedó callado
/ callada / ante el hecho de que haya
que cegar a Prometeo y encadenarlo,
con cadenas que duelen todavía
llevarlas a la barca, subirlas
a las sendas de la Gloria.
7.
Chilín fue juguetón, travieso,
y Cecilio, el padre, le pegó con sus ganas.
Hay que poner vergüenza,
disciplina, infiltrar el honor
a sus expensas, herir en su garganta
(aunque se ahogue y se vomite
sobre los senos oligarcas, las demandas
del nuevo siglo, el de La Muda),
la pendenga, zángana,
zopenca Democracia.
Había que ser muy duro.
«Es parte del negocio de este siglo»,
dijo Getulio, hombre exitoso,
sagaz entre su hermanerío.
Se venció el anarquismo,
sus bandoleras manos,
su lubricado fajín está vencido.
En las guerras, gana el que las puede,
con la ayuda de esa Mano Invisible,
Dios o los yankees,
dijo para que oyeran todos
y se hicieran obedientes, discretos,
mansos, pavitontos, mamacallos.
8.
... a mamá, Doña Yuya, que me dio recursos de sobrevivencia y reconciliación
Dependiente de la existente Humanidad
no he sido nunca. Confié la esencia humana
a las manos que me heredaste, mamá,
manos en alzamiento productivo,
a mis hombros y mis brazos,
sucias y limpias, pegadas,
pero en objetividad incondicionada.
Contigo, lo inicial de mi historia,
se abrió cuanto más pudo
(yo jugué con la tierra y con gusanos
y me gustaba), admiré tus jardines
y tus huertos y bañar una perra
y a las gallinas, alimentarlas
con insectos, asesinados
o descubiertos por mis manos.
Salvaguardo estos recuerdos aun hoy.
¡Tus recursos, tu amor aprendido!
Flotn a los sueños con nobleza
cuando me visitas desde el allá
de tus hablas, ahí de lo Eterno,
y todavía aconsejas,
diviertes, cantas tus devociones.
A mi lado, a distancia, otros poderes
se hunden; otros que no son míos.
Otros son, con sus impotencias,
y que, como tales, desmayan
y caen en lo vil e inesencial de la vida.
Intrusos son que han llegado
sin voz reinvindicadora.
Invasores que venden, uno tras otro,
la Humanidad / la Patria;
ni dieron nada ni darán
(porque pocos han de servir
como entes preeminentes en su esfera).
Te tuve a tí que díste mucha vida,
tú, que sabes de la Cesta Hermosa
del alma y del fango divino
del Consuelo, la nutrición, los ciclos
de la Serpiente acariciante y su cueva.
Intrusos e invasores me olvidarán.
Pocos quedarán imprescindibles
para que el amor me levante.
Quienes activaron el olvido del Ser
no me vinculan a una voz
(ni estando muerto), ¿qué no será hoy
cuando prostituyen la esencia
que custodio, mi tierra natal,
la tierra de mis dignidades
y autoestima propias:
Puerto Rico.
2-3-1990
9.
Verdes y biliosas son las mayorías
de tu Era de Silencio y mudez impura,
¿qué importa la energía que llevan dentro?
¿Qué importa esa inteligencia,
eficiente, organizada, si atrás
se deja pisoteado the value of honesty,
el valor de las preguntas claras
y la esencia de lo imprescindible,
incompartido?
Ya no escuchan ni se interesan
en detalles; no contestan
si están prefiriendo el reto
sin importar la consecuencia,
el riesgo que a veces cuesta
el ojo de la cara, el riesgo
del callejón a oscuras
y la boca del lobo.
Desollaron en vivo las comunicaciones
desde que existe la radio y la oreja,
el aeroplano, el tren, el correo,
la tecnológica creatividad en ciernes.
¿Qué importa cuán rápido aprendamos
quienes somos... nosotros, hijos
con potenciales, niños verdes,
con piel de fresca lechuga,
si ellos, padres duros, se frustran
al primer tris y nos reprochan
con verbos de estériles polémicas?
Ya no escuchan un oir con sus enteros ojos,
ya no escuchan... a quien su voz
no está en aparatos de la tecnología.
10.
They knew what they wanted: Sidney Howard
a mis abuelas y mis bisabuelas Cristina Nieves, Laura Alicea y Dolores y Eulalia Prat
Los pioneros no son como loros
en las estacas. Al contrario,
son callados, tesoneros, incrédulos
sin fragilidad, optimistas con cautela.
Tienen un justo tino.
Emiten pocos juicios,
pero con plena contextualidad
de los hechos. Van al grano.
Han soportado en sus espaldas
el peso de largas tiranías.
Les decepcionó el absolutismo,
pero son un tanto mollejones,
puritanos, ortodoxos, persignados.
Demasiados illuminati y charlatanes
a sueldo, a sotta voce, han venido
a seducirlos. Ofrecen sus falsos dioses
y profetas; cagatintas son
que hablaron, alborotaron al mundo.
Los pioneros oyen muy pocas veces
y no se adhieren, empero
más son las ocasiones
en que el pedido es intenso:
¡Conspiremos!
Unos pocos se van y regresan
con las almas en pedazos.
Culpables de la infamia de una guerra
o la esperanza social de amor humano.
El Abuelo pionero creyó en la ciencia
más que en la política y el anarquismo.
Capciosos son los reyes viejos,
e impredecibles los golpes
y corrupciones de los generalasos.
Sin embargo, el Abuelo susurró,
cuasi callando: «hay que hacer algo».
En 1915, el tétano adquirió sus rangos
de epidemia. El tomó nota y volvió
a susurrar: «Hay que hacer algo».
No preguntes a él por qué lo piensa
ni a quiénes acudirá, ni cómo...
No ha decirte nada excepto lo que dijo:
¡Hay que hacer algo, hay que hacer algo!
11.
a don Narciso Rabell Cabrero, ex-Alcalde y paleontólogo del Pepino
Subió a los taxis motorizados
por primera vez y apoyó a Henry Ford
que construía tractores de faenas
para el campo. «Esta es la historia,
la que crea, la historia de los hombres
hábiles e investigadores. Lo demás
son embelecos y pamplinas», dijo don Narciso.
Sus coetáneos todavía fueron rebaños,
humildes reses que vivían para el trabajo
bajo una economía de sueldos miserables;
ética del coraje, voz maldiciones
y encima, los fuegos y huracanes,
la casita de yagua, todos juntos
en dolor, mas con estoicos valores.
Y en las haciendas, un patrón
celoso de lo suyo, en los talleres,
la sobrevivencia, el obreraje,
hambriento y resentido,
aguantando, todos desoídos por el mundo
o, más bien, los poderosos. Cocorocos.
Pocos abuelos hubo como aquellos,
padres-colectivos del progreso:
él era uno, Rabell Cabrero,
y Aguedo Vargas Labaille,
«padre de los pobres»
y Jacinto Rodón, don Chinto,
y a ellos... había todavía
que contarlos con los dedos.
12.
El teléfono transcontinental ya fue inventado.
No para el pobre. De Graham Bell y Watson
hablará el Loro Guillé como si trajese
profecía al pueblo, no lo cumplido.
«Para el pobre no será que se hizo»,
dijo. «Eso es más que el telégrafo.
Es la voz que oyes
como si hablaras a distancia
con un muerto».
13.
Viento suicida, fuego-hombre,
kumikaze, a las cuatro esquinas de la tierra
y la consigna es una: Austria est imperare
orbe universum, porque «son los mismos»
y cada día se vuelven más violentos.
A la Corte prusiana subirán
estos sahumerios a la Muerte,
estos silencios cómplices
que avanzan como sionismo hertzeliano
y deja su Domingo Sangriento
entre wobbies y sindicalistas
ante la mirada fría de Roosevelt
maldiciéndolos.
14.
Los pioneros vieron las huelgas
de textiles, las batallas en los ferrocarriles
y las minas de acero, pero la Mano Invisible
es invencible, descentradora
y los pioneros juraron no meterse
en la centralidad de ese riesgo
donde un puño los azota; no pelearán
contra la sistemática inmoralidad
que los circunda;
que se joda el anarquista que mató
a MacKinley, que no se escuche el por qué.
Nadie pregunte sobre el hombre,
siendo que ya fue descrito:
criatura de meros apetitos
y sensuales pasiones.
Leyeron a Bacon, Hume, Bentham,
Locke, Mandeville, típicos filósofos británicos.
En la fábula de las abejas están ya sus valores.
La Guerra está a las puertas: «Each in war
against all»; el que sea el rey de su colina,
cómase al prójimo. Bentham lo aconsejó
en su tiempo: «Eat Your Neighbord Policy».
Roosevelt se anexó el Canal de Panamá;
ahora se maneja bien en su Caribe
y él y sus seguidores castigarán
lo que predefinido fue, espionaje y sedición,
van a aplicar los conceptos al negro,
al indio nativo, a los que han ido llegando
del Oriente de Europa, van a quemar vivo
a Pancho Villa, el General Pershing
y seis mil de sus soldados,
se han metido en los rincones de frontera
por hallarlo inútilmente; pero,
«hay que hacer algo», ya lo dijo el abuelo.
15.
La crítica posmoderna no busca aniquilar al sujeto, sino descentrarlo... de lo que se trata ahora es de abrir el campo a una pluralidad de sujetos que no reclama centralidad alguna: Santiago Castro Gómez
El futuro no es fijo porque siete cabezas
tiene la serpiente de los seres sensitivos
y salta de los cuerpos miserables,
tridimensionales, a la consciencia profunda.
Se enrosca, se anida en hoyo azul,
charco hacia el manantial de las estrellas
donde puede hallarse el silencio,
la quietud, el balance, el perdón,
el gozo compasivo, y otra vez
acaecer, encarnarse
y reclamar el derecho
a la centralidad,
el modelo antibenthiano.
Para morir de nuevo
no elegirás, hijo mío, el ego cogito
de los Cojos / rencos cartesianos,
el yo pienso a solas y con bastón doy palos,
el yo quiero y conquisto y desarmo
y descentro y borro del mapa
otros espacios.
Tu modelo será otro, no todopoderoso,
no autoritario; tu sujeto estará
en la Cesta Hermosa, la más bella
de las Tripitakas y las Cárites.
En la Era de Hombre Común,
vas a matar al hombre monólogico,
fáustico, imperial, en sí mismo,
engolosinado.
3-2-1983
16.
La heterogeneidad y el diferendo son, pues, consubstanciales al habla humana y no se pueden eliminar: Santiago Castro Gómez
Unos hijos del abuelo están allí.
Entre las brumas, les ví... interesados
en las fuerzas hidroeléctricas,
la evolución estelar,
la electricidad positiva de los rayos.
Aplicarán lo que aprendan
en los análisis químicos y el Abuelo
mientras tanto, callado, prepara
su tiroxicina pura.
Tratará los males de tiroides.
También estudia el tétano,
la influenza y la tuberculosis.
Dijeron por la radio que asesinaron
al archiduque austríaco, éso ni importa.
Norteamérica será la envidia del mundo,
tarde o temprano, tarde o temprano.
Mientras trabajan, a las niñas
los piesitos les brincan, a escondidas
siguen el ritmo de Chicago,
da gusto escuchar el piano de los negros,
el saxo lúgubre, visceral... esa música
del Veinte se está yendo hacia Europa,
mas Chicago es el centro mundial.
17.
Ya se acabó la guerra,
bloquearon a Inglaterra,
hundieron el Lusitania,
se batalló en Verdún.
El Abuelo supo de veinte millones
de muertos en el mundo, serán
más los que sume la influenza
y la guerra, al parecer.
... Pero aún dice: «Calláos,
que nadie llore en mi presencia
al menos». Baby Ruth es lo que el pueblo
escucha, la rata, el escondrijo, el público,
la audiencia, la pelusa, toda mierda
que los medios transmiten:
él bateó un run-run, 567 pies con el batazo,
y fue para los Media-Rojas,
Boston festeja; ahora en Pittsburgh,
Pennsylvania, se oye la radio a diario.
Se comenzó el idiotismo del silencio.
Se sabe inclusive que un sismo mayor
que aquel de San Francisco
hundió la provincia de Kansu
y como moscas cayeron entre ruinas
y mangles 200,000 chinos
que habrían podido hacer ferrocarriles.
¡Pero no importa!
El silencio es mayor.
¡Vamos a enmudecerlos, distribuyamos
el gozo del individualismo hooveriano!
¡Que se muera Hellen Keller
haciendo mudras con su clotis opaco!
«Hay que hacer algo»; una voz dijo,
débil voz del Abuelo y la filantropía que, sin pulsar
en lo oscuro no existe.
Hoover ya dijo: lo que existe es
el individualismo americano.
«Nadie es moralmente responsable
por la vida ajena, su bienestar
o su felicidad», que lo demás
es una excresencia enorme
y un gigante despierto
per secula seculorum.
18.
Danzar es organizar y crear un caos coherente... La danza permitió que desde la Edad de Piedra los primeros grupos humanos pudieran organizar sus primeros códigos comunicativos y se apropiaran del espacio para dominarlo... La danza fue el primer intento de red, una conexión que comunicaba al hombre con los otros, con la fuerzas de la naturaleza, con los espíritus, con los animales y se covierte en el legado de las costumbres, religiones y guerras de los pueblos: María Fernanda Vanegas
continua
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Publicado por elzorro2 el 24 de Julio, 2006, 18:02
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a Gonzalo Jiménez de Quezada
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La primera cuna es el pantano al que siempre vas como una piedra y te tiras de espaldas y chapoteas como queriendo pudrirte en placer amoral, supremo, primiginio.
La niña del infinito está allí con su mirada nutricia, maternal y su cabeza cachondona te recibe.
Acuéstate en mis senos, parece que te dice, cuando te acercas con un julepe de lianas y el duro cordel de las enredaderas.
Te das a ella, tierra básica, a su base hipotalámica de gusto. Ella te arrancará los calzones, así se alcanzarán desnudos, sudarosos; se compartirán el humus, el hiperovarismo, el agua espesa del pantano.
Explotarán en placeres que parecen realmente infinitos, aunque sigan oscuros, indecibles, censurados en la engañosa magia del mito.
2.
En el alma de la piedra está el espíritu; las piedras son los huesos de la Madre Tierra
Ser pobres da la básica amoralidad de la dicha y lo trágico, pero ella y tú aguantan el mundo con su olor de pasiones. Crees que renaces como un hueso que se hará semilla, siendo ad initio piedras o menhires o un obelisco teriomórfico del falo.
No mires la penuria, entonces, o el tiempo que se fuga de tus huesos, echáte a la fosa blanda como un diente del dragón de Aonia que pedruzco será en la Fuente serpentina, la Aretiada, como un diente échate de espaldas y no lo mires. No medites ya desobediencias o especules si comíste las manzanas de la Eride. Este presente será tu paraíso. Esta pobreza, la Divina Caída.
3.
La primera cuna es la enredadera, ese abrazo, esa urdimbre en la hamaca del barro, el monstruo serpentino que te jala del calcañar y te da el lenguaje de la urgencia y el viejo contenido de apetito.
Sin esa cuna orginaria donde habitaste con la serpiente-hiedra, no hay plenitud de ser. No se escribe el Gran Cuaderno de las obsesiones. No se comprende que no hay desobediencia en este negocio del poblar un mundo. Este acto es la reciprocidad, la vida breve.
4.
A Tí, Gran Lepra, divino fango, te ví como paloma en Mariquita. ¡A tí, diciendo, yo recojo el desperdicio involuntario, estimulo el ambiente, doy placer en la arcilla y en la matriz biológica de lo objetivo. ser social, petrificado, yo quiero lo que sobra antes del parto y lo que viene después de los destetes y las zozobras y la angustia y el llanto!
Mordías a Don Gonzalo. Subías a él como serpiente, enroscándote a su rala carne y su hipotálamo exaltado, imprecatorio; bajas a él, como un ave cantarina.
Dispuesta estabas como siempre a consolar su experiencia neuroquímica en lo social del barro, tú tan cognitiva para él, pulso cardíaco, mal amigo, cara de agresor, matoide en llanto.
El había conquistado el Reino de las Moscas (y los chibchas ni limonada bebieron; se tragaban la sangre de los suyos como hienas que los despojos que su espada, embrutecieron, hienas que no discriminan; todo lo muerden en caliente, sea fruto dulce o amargo).
Había que comerte, Colombia, y desangrarte para que la marca de él, Gonzalo, se dejara en el Gran Cuaderno de sus días y en la gesta salvaje de sus asesinatos.
Tenías que estar allí, Gran Lepra de las brumas, fango divino de las eternidades, tú, divina materia, Serpiente antigua, tú, porque lo viste sentado en un muladar como Job, maldice que maldice, pues había sido Regidor y Mariscal y de la Santa Fe de Bogotá no le quedaba nada.
Era peor que un mendicante. Un ser embrutecido, un kafir postrado, una carroña viva para buitres.
5.
¿Para qué anotar el Gran Cuaderno de las vanidades, Adelantado del Nuevo Reino de Granada, si la historia verdadera escrita está en las charcas serpentinas, entre lianas y bejucos colgantes, ataduras de esparto, asedios de enredaderas y aves zacundas?
¿De qué vale, Don Gonzalo, El Dorado y 500 varones, ardides de exploradores y canallas soldadescas, si los fantasmas del pánico no huyen, petrifican?
Las flechas aciertan a los ojos avizores, los ciegan, le quitan la sapiencia del horizonte, sus rumbos. Las bazucasos azotan duramente la agilidad de la cadera.
Los chibchas memorizan el talón de Aquiles, las caras blancas del rival repentino, inesperado, de las noches se aprenden los desgastes, los rezongos del músculo, coyunturas del miedo. ¡Gonzalo, guerrear es una lepra anticipada y usted hoy está sin caballo, sin mundo, sin pan, sin el bocado de piel del animal caricioso!
¿Para qué sirve, Mariscal, el titulaje de la sangre limpia y el valor antiguo, el abrazo de la Hispania, separada por mares, el rumor encantador del agua si el mismo Magdalena caudaloso es río para verter el llanto, piel sinuosa de serpiente con orillas de hiedras?
6.
Lo trágico busca la poesía... Lo trágico es la poesía.
Pero si de aquí desprendemos una (est)ética hay que entender que ésta no es del todo negativa.
Pero esa est-ética no es lo fundamental de la mirada ni del ser poético: Yván Silén
Tú no eres fundamental, abogado del luto, escribidor del Gran Cuaderno que explica tus codicias.
¡Genocida del Reino de las Moscas, múerete! ¡Olfateador de templos olvidados, cesa de una vez en el lodo compasivo! Tú eres prescindible, vulgar, hipócrita, beso fiero, ósculo de traiciones, ¿para qué quieres tu ética de gloria, tus justificaciones, si sólo has vivido del sablazo?... cesa, se te obsequia el reposo.
Deja al fin que en Chipatá se te recuerde cómo has sido, por qué en Tunja perdíste tu caballo, aquel ataviado de jirales y gualdrapas al que llamaste «Mi suerte».
En Mariquita te saludará una serpiente Es en lo trágico que se crece el hombre. El Dorado ha sido un charco de agonía. El Dorado es un llano de la Muerte.
5-2-1989
Del libro Yo soy la muerte
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Publicado por elzorro2 el 21 de Julio, 2006, 23:52
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Frags. de «Yo soy la Muerte»
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Los viajantes de la barca
Cuesta mucho dolor este culitaca, sentirse libre, sin demonios, lleno de vida. La culpa, soterrada.
Algo queremos que no lo explica su ciencia, sólo la líbido y su libertad de vuelta y media que no tiene otro ser que inmoralismo.
Nos va el ser en el ritmo del perreo. Nos habituó al clamor un grito primitivo de las danzas y, por ello, en lo estricto del juicio y la condena, no hay axiomas; bloqueamos los avisos.
Preferimos la senda del rechazo. Somos incrédulos.
4-12-2000
*
«La UNICEF ha dicho que las vidas de más de 1,000 millones de niños están en riesgo debido a la pobreza, la guerra y las enfermedades, con uno de cada seis padeciendo mucha hambre, uno de cada siete que no tiene acceso a cuidados de la salud y uno de cada cinco sin acceso a agua potable»: Barbara Stocking, directora de la agencia humanitaria Oxfam
La muerte definida como un golpe organizado, uña filosa que se hunde en la molleja, en tu ser en la carne, todavía no me asusta aunque me arde y muerde con su gusto de araña venenosa; la muerte me ha llamado desde su democracia mercantil y su imperio totalitario y caníbal.
La muerte invocó mi nombre antes que yo tuviera cuna y un seno de reposo, con el rítmo cardíaco de mi madre; me llamó aún antes de hallarme con un beso, me sedujo antes de encontrar el romance con las formas bellas de los huesos y las curvas tersas del amor que madruga.
La muerte definida como contexto cotidiano y escenario me hizo una estrella apagada, volcán sediento, estanque que se perdió en el monte de las ciudades frías, montículo de referencialidades soterradas, muertas en hipertextos.
No puedo temerla, aunque tampoco amarla. La muerte se compone de millones de hambrientos.
En el año 2002, fallecieron 10.5 millones de niños de edad menor a 5 años y a sus países los llamé 'mis hermanos terrritorios'; yo creí la hipocresía / ingenuidad de llamarlos criaturas, copias de mis ojos pequeños y no pude hacer nada, sólo llorarlos inútilmente. Otros 45 millones de niños morirán en los países en desarrollo desde ahora hasta el 2015 y no tengo nada que darles sólo una frazada y envolverlos en el adiós de mis lástimas.
A mi país, USA, le duele invertir el 0.14% de su ingreso nacional para la ayuda; la muerte humanitaria no es tan generosa, se cercena la mano como el donante menos pulcro y por esa razón, como los muertos de otras tierras yo me llamo el más pobre, el muerto con menos abundancia, el cadáver menos solidario.
2.
A veces la muerte es amorfa, mercado de todo y nada, disparate de muchas piezas, originariedad desnaturalizada, quincallería de golpes, decepciones, caídas y fracasos, desespiritualizado acaecer, sórdida arritmia, ética maquiavélica de angustia.
Antigualla de nihilismo, demagogia neosofista, epítome del desgarramiento político del verbo, mentís aparatosa de inmanencia, sepelio del alma.
Mecanicidad del ser, externa teratología, egolátrica internalización de causas, te saludo en miles de estadísticas. Te computo en el asco de mi vómito. Te esputo con ojo de buen cubero cálculo.
A veces la muerte quiere olvido en síndromes de células. Quiere una voz parkinsoniana. Quiere llevarse a los héroes que admiro, a mis amigos amados, Cecilio. Se los lleva vistiendo de temblores a mis ángeles, con argucioso plan de olvido porque ellos se aferran trágicamente a la memoria de sus cuerpos, a lo abyecto y sublime que simultáneamente se conjuga, para dar un Soy poético a la tarde, un Seré mañana al placer de la noche.
3.
En mi patio americano, a orillas de mi casa, hay 1.5 millones de seres lamidos por el mal de Alzheimer, dementes que forzó la muerte a beber de su copa. Ni el Exelon los salva. La muerte viva es demasiado caprichosa. Mata, más alevosamente, que los coches que se enloquecen en la calle velozmente; asesina más fríamente que los homicidas.
Nueve mil hombres, que no tenían más de 70 años, cayeron en mi patio. Una muerte parkinsoniana les pidió el voto; los robó, con ilusiones de cura, pero se los tragó como Seol inmensurable.
¡Qué viajera es la muerte! Se premeditó en Argentina; hizo desaparecer 30,000 hombres / niños / mujeres/ ancianos La dictadura del '76 fue el cementerio.
La muerte se coloca un antifaz de traficante, pero canta los himnos del capital y el lucro.
*
La muerte lujuriosa
La muerte en la internet ocupa a 30 millones de personas.
La muerte se ata a la pornografía. Diariamente, los afligidos se reconectan a la red, reinventarán el amor que dan por muerto, consumirán imágenes y textos de zoofilias, fetichismo, sodomías, orgiásticas mancuernas, órganos que invaden las caras infantiles, arrastran a adolescentes, ancianos, gentes aberrantes de todos los colores, los externos, amorales, fronterizos. Y los ociosos, en la bruma luctuosa. pegando a sus bigotes con la terneza impura.
La muerte es lujuriosa. Como ramera complaciente, tras un pasamontañas oculta, finje su indiferencia, pero muerde la carne de los más inocentes al igual que los oscuros, aterrorizados aterrorizantes, guerrilleros de sombras.
*
La industria del sexo genera 60 mil millones de dólares al año en el mundo.
4.
En la pequeña muerte de mi calle todo lo corrompe y manosea. Asalta, mata en las fronteras de Juárez, viola en los cerros y montes escondidos de aldeas de toda Surámerica
La muerte licenciosa y libertina es consumida por 250 millones de personas. Se ha vueto tecnológica y virtual; se consigue como el pan en la esquina y los productos y servicios enriquecen. Nada es tal letal como la pornografía.
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Publicado por elzorro2 el 21 de Julio, 2006, 19:33
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Fray Juan y el reloj orgánico
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A capacity to experience many different flavours of unhappiness, and short-lived joys, too, was adaptative in the ancestral environment. Anger, fear, sadness, anxiety and other core of emotions played a distinctive information-theoretic role, enhancing the reproductive success of our forebears. Thus at least a partial explanation of endemic human misery today lies in ancient selection pressure and the state of the unreconstructed vertebrate genome: H. S. Dahls, M.D., University of McGills, Canada
La religión esotérica no se basa en creencias o los deseos, sino en una experiencia directa, válida y verificada públicamente por un grupo de iguales que también ha llevado a cabo el mismo experimento. Ese experimento es la meditación: Ken Wilber, Ph.D.
Rincón por rincón, litoral por litoral, en Santa Cruz de Tenerife y, en particular, en Garachica, se decretó la búsqueda de dos monjes fugitivos. Uno es Fray Juan, libertino, aún joven, nomás de 25 por el cálculo público; huye con él, una monja con edad pollancona. Se han besado sus bocas, con apetito de tusas, concupiscentemente, delante de gentíos. Una lección, eróticamente incorrecta, para quien valora que el cuerpo es un objeto físico, externo y corruptible que, por el deseo y el acecho irrestricto del instinto, naufraga en el pecado. «No han debido comerse a besos ni por juego si es que de veras son hombres de Dios», rumoró el poblado. «Dios no pone un alma en el cuerpo si somos lodo y corruptibilidad únicamente», corrije él. Alma que Dios liga al cuerpo tiene un relojito y el reloj será divino en él: hecho que siempre instruye el Monje al aludir al Reloj Orgánico, receptor del aroma del cerato y las tamarillas. «No hay tal reloj», porfiaron. Ambos son blasfemos, según la Inquisición y sus tronzudos encapuchados. El vagabundo dijo que el Pecado Original no existe. Fue en la Plaza ante una Iglesia del Siglo XI: había sido la primera queja. Un Obispo escuchó a Fray Villalpando cuando igualara el pecado con alguna ficción mecanicista ya que, con el terminajo se construye la existencia de unas culpas insufribles, atormentadoras, para el género humano por la vía de las generaciones. Sexual y emotivamente. Reflexiona que el pecado no es una enfermedad; no es necesariamente físico. Es un estado inducido por muñidores de miedo. La miseria de hoy es la admisión milenaria de ese fatalismo, mecanismo torturante que ofende a la Justicia de Dios. El miedo eterno. Dios no es un lobo. Dios es, más bien, un cordero. Garachica es el pueblo del monje dizque sabio. Desde hace meses, lo menosprecian por la escena del beso prolongado. Dizque que él se levantó jarioso. Santo de pajares será si no controla sus instintos; incentivos a sus motivaciones terrenales y pecados blasfemos. A la mozuela Catalina de Jesús, ya la tiene preñada. Su padre, un mercader, viudo y fornicario, la mandó al convento y echaba lumbres cuando supo que se fue del Convento. «Que el Tribunal de la Inquisición los aprehenda; o lo hago yo. Mataré a ambos porque mi honra está por los suelos». Un letrero desencadenó la ira persecutoria: Se busca a: Un autoproclamado relojero de Dios, relojero de almas, dizque sabio y a niña, zoquetona del zoquetero, aprendiz de sus doctrinas. Ella dejó una casa rica. Es hija única de un mercader de ollas, con palancas en palacio. Se alega que, por vagabundo, su marido adquirió sus talentos impredecibles. Puede hacer actos de faquirismo y fascinar las cobras que tan quietas parecen en un cesto de paja. Invoca ciertas fórmulas, cura. Da explicaciones extrañas. Acaricia a niños y ancianos. Está lleno de opiniones y parece franco o desvergonzado con lengua vipirina. A muchos sacerdotes de toda España, de Tenerife a las Baleares, de Catalunya al Camino de Santiago, los encona. Es un provocador. Hay pues el que lo sigue y lo proteje; pero otros, más conservadores y austeros, lo acusan de abuso de confianza, escandalizar y predicar con hechizos elaborados con sustancias espiritosas, cuya fórmula es enviada directamente por el mismísimo Satán el Diablo. Sea como sea, Juan Villalpando, que es su verdadero nombre, no roba a nadie. No cobra. Sólo que, en Santa Cruz, se dice: No es lo mismo predicar que dar trigo y la Inquisición quiere desollarlo vivo, porque él ha dicho que, como institución, son los inquisidores quienes estorban al que da lo mejor de sí mismo (al menos, trato afectuoso, compasivo, dicha contagiosa, alegría de vivir) y Juan, relojero de Dios, devela un secreto que aprendió por la vía de la meditacion. O el éxtasis. Predica a las rositas silvestres, cuyas vidas se marchitan en apocamiento y apatía. A las personas les llama florecitas, o escaramujos, agua de rocas o sauces llorosos.
Cada criatura humana tiene un reloj interno, obsequio divino para que los ciclos de vigilia y de sueño sean compensados con los beneficios de la serenidad y el hedonismo verdaderos. Según los doctos / chotas que anotan lo que este presunto milagrero dice en las calles y tertulias callejeras (para acusarlo luego), en el Templo del Espíritu, hay todo un sistema de dopamina mesolímbica, cuyo función primaria es codificar el placer y los incentivos para actuar con el gozo de Dios. La dopamina mesolímbica promueve un sentido de urgencia, conciencia de conflicto y motivación a niveles químicos que, a fin de cuentas, darán alivio y compensación al estado de ánimo. No es una euforia recreativoide y pagana, o autoafirmación egoica y maníaca. Es un estado de quietismo. Otros lo han llamado éxtasis. A menudo lo que dijera fue malinterpretado: Que Dios mismo lo bautizó con orines para luego rebautizarlo con flores y su Santa Compañera, la vírgen que se come, bautizándolo con sexo, aguas que ella provee en el sacerdocio de Malkut. Un día, de paso por la India (así lo cuenta Fray Villalpando) un tigre se abrió paso por mi ruta, en las selvas de Bengala, y sudé con el susto la sustancia que me puso en alerta. (Seguramente, ya maneja la noción de adrenalina, también llamada, siglos después, la epinefrina). El sudor me dio la sensación de calor; mas unos segundos más y mi calor se convirtió en frío intenso, con el olor a orín... Me había meado del susto; pero, poco a poco, mi presión arterial aumentó, había calor en mis venas, color en mi semblante y mi memoria me llevó a la escena consoladora de un santo, lanzado al foso de leones hambrientos, y me sentí muy capaz de repetir la hazaña de José, con los tigres de Bengala ya amansados a mi lado. Donde se encharcó el orín, a flor de tierra, nacieron flores de tamarilla, color rosado. Del árbol que saltó el tigre, semi-oculto en el ramaje, ví el asomo de un ramito de Estrella de Belén y otro de mostaza silvestre, como si con ese mensaje se me hablara sobre la fe y el Arbol de la Vida. Y ví que el tigre mascaba las flores de tamarilla, sin tragarlas. Se tendió a mi lado, escondía sus garras y pezuñas. Además lamía mis pies, todavía orinados. Ya no tenía miedo de que me hiciera daño; sino que mi memoria se llenó de ricos pensamientos, registré detalles en apariencia ocultos y nimios para el conocimiento. Mi claridad mental fue tal que ninguna cosa me pasaba desapercibida; ya no sudaba en frío; sino que una calidez se apoderó de mí. Me puse en control y, según caminaba, mi camino lo siguió el animal, quien buscaba el olor de mis semillas varoniles y de los orines expedidos, porque ya no olía yo a miedo, sino a flores de tamarilla y ceratostigma. Olía a Dios en rescate, a Dios codificándome su multiforme sabiduría. Fue en los días en que conocí a mi hermosa compañera, Catalina, que acabé de entender la revelación que se me dio en la India. De regreso a Hispania, entré al primer Convento que hallé para que se me bendijera con una que otra obra de caridad, sea alimento o el nuevo hábito de tela... Estuve menesteroso y ella, novicia en la vida de Dios, me condujo al baño, antes observando que mi raído hábito olía a flores de tamarillas y ceratos. Supongo que, o su olfato era muy fino, o no me quería ofender al acusar la soberana meada que me dí por un causa de un tigraso. Mas insistió: «Huele muy rico. Huele a bendiciones». «¿Sabe, rosita silvestre? Si algo oliese intenso y ofensivo en mí, ¿no sería más prudente que me dijera, si es o no el meado?». Varón sin complejos, dichoso en la miseria de la vida frailuna y caminante, Fray Juan iba justo al grano. «Huele divino», insistió ella. Vuelve la burra al trigo. Explicaría el por qué. Este secreto es marivilloso e interpersonal. La monja fue confirmadora. Hay un latido que surje del corazón santo. Es más audible que los tañidos del Campanario; pero, sonoramente, un pulsillo no metálico. Late en la carne; cardíacamente, filtra la sangre. Es químico-ontológico. Acuñaría el término: «Es el reloj de Dios en la bestia». «Me gusta como suena su corazón, Fray Juan». Como Fray Villalpando se quedó varios días en el Convento, las monjas escucharon sus razones sobre el «éxtasis profundo que había experimentado durante una meditación durante la cual acechó un enorme peligro». Contó cómo el animal le siguió, protegiéndole por las selvas y las cercanías de poblados para que no fuese asaltado por ladrones u otras bestias, en particular, las serpentinas y nocturnas. «¡Santo Dios», clamaron las monjas. Sólo Catalina de Jesús pidió a él los detalles y pormenores sobre el apareamiento de tigre con una hembra que se aproximó para dar una tercera compañía. Era el periodo de su celo y jugaban plácida y preambularmente. Y, siendo un adepto a la herbolaria, el vagabundo había recogido aquellas flores asociadas a su éxtasis, flores de la Estrella de Belén, tamarillas y ceratostigmas. Leyó de alfabetos genómicos y de actos sexuales en Espíritu. Lo que Fray Villalpando contaba sabía salpicarlo de convicción y agudas observaciones, sin quitar emoción y drama. Y no ofendía a las mujeres del Convento porque él creyó (y les convenció de esta doctrina) que hay en la naturaleza de la mente humana, una predisposición genético-espiritual al Bien, a la yoidad benevolente, y se puede parangonar, como explica su salud el bien comido, el bienestar y la paz como una retoma dopamínica o estimulación de centros de placer, o ingeniería del Espíritu que es la Estrella de Belén del hipotálamo. La experiencia en el tálamo, con el erotismo de la bestia, hizo que se le hincharan los cojones de excitación al joven vagabundo. Sintió una empatía por la pareja felina que se amaba y pensaba que sería muy conveniente que él hallara él una mujer que le quitara el celibato y el compromiso casto, porque ha crecido mucha semilla lícua en su fardo de escrotos. La testosterona es responsable de esta producción y es mejor casarse / darse a otro que «estarse quemando» en las urgencias de su propia esperma y gametogamias. Y para sublimar ese encuentro del Tigre con Cerato y la tigresa eufórica, él se serotonizaba, con hormonas sedantes y antidepresivas, y Catalina, oxitocinándose, hizo lo mismo que él, acalorarse. Mas ella se halló con el cuello uterino distendido e intravulvarmente humedecida. El monjecillo, por bellaquería, no dejaba de pensar en las afectividades de un tigre con su hembra; le circulaba la esperma por los güevos. «Y ésto es como volver a mearse». En fin, en el concierto de multitudes, con deberes éticos, se contuvo por cuanto «no se hará en el monte, lo que no es costumbre que se haga en público y ante otros entes que son sagrados». «Juan, antes que nos contara en la cena en el Convento sobre cómo se apareó la pareja de felinos en su presencia y cómo quedaron exhaustos y jadeantes por la energía que se entregan durante el acto, yo lo supe. Es el olor de selva que tiene usted, sin saberlo; es el ruido de su corazón que jadea con el gozo que el reloj de Dios imparte, a cada cual según su pasión y sus semillas». «Para llevar este mensaje a los pueblos de la Hispania, aún a tierras del Islam, me agradaría llevarte... El Reloj de Dios me levanta temprano y la cruz de mi Pene atenuarse pide con labios de mujer y, desde que te ví, me atraes para el propósito... Bautízame en tus aguas vaginales y mascaré tamarillas sobre tus senos para que la experiencia del tálamo sea nuestra bendición hasta el fin de nuestros días». «Acepto, hermano mío. Váyamonos mañana y que sea por tí que se me conozca. Te amo». Y, los dos quietistas, cuya única penitencia fue amarse, enseñaban sobre la aniquilación del pecado por el olvido de sus culpas inexistentes. Aún así, fueron llevados a la hoguera. Varios siglos después Inocencio XII condenó la aparición de alusiones a lo que enseñara el monje de Garachica y el garañoso amor con que se engarañaba.
3-9-1991, UCI.
Del libro inédito Leyendas históricas y cuentos coloraos, de Carlos López Dzur
http://www.outskirtspress.com/cgi/webpage.cgi?ISBN=1598003135
El corazón del monstruo (45 cuentos) / Información
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Publicado por elzorro2 el 20 de Julio, 2006, 23:48
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Para meditar el ser
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Para aquellos que meditan sobre el ser, que lo escuchan con la intensa sed del ser-acompañante ser-acompañante y el hambre de encuentros con la biología, diré... que existo... y soy en un pensar determinado.
Medito al ser siéndolo, según lo soy, y a veces hallándoles a ustedes en este soluto que persiste, a pesar de todo, y que nos lleva a perseguirnos, a estar juntos en algún punto del soñar, en algún espacio del vivir.
La poesía me permite andar despierto y enamorarme de todo lo que es bello. La mujer maravillosa está en algún resquicio de la andanza con misterios llenos de piel, con belleza llena de cantos.
En todas sus edades ellas afloran como luz del alba; se escapan y se diluyen como plenilunios en los abismos del amanecer. Siempre bellas se van y siempre bellas vuelven.
Todo lo bello me gusta, ¡ellas, sobre todo! sus pezones, que son ubres de Nut sobre el círculo del cielo, sus nalgas redondas que los tersos firmamentos fincan para gozo de la varonía, ctónica y telúrica.
Con lindas piernas, como las niñas tienen, los pasos pueden ser abundantes como edades de sol o de penumbra; los juegos son infinitos, las fases únicas, las distancias breves, sorpresivas, novedosas. Y se anhela caminar, deambular el alma como si todo fuese infinito y color de rosa.
De la mollera al calcañar, sólo se aprende dicha, error sin desconsuelo, herida que no sangra, machuconcillos cósmicos, asombro crediticio.
¿Y qué tal la voz cuando el río de las sílabas se abre entre peñascos su camino refrescante y en las ortigas del habla y del oír se cede al cauce, se sumerge todo?
¡Qué bello a la postre nos resulta la plena comunicación, la sincera fruta de un conocimiento, la dulce cosecha del que dice te quiero, me gustas, qué buena onda, qué padre, ay, maravilla, qué bellos los que anhelan, los que dilucidan, los que enuncian el porvenir, los que preguntan con sabiduría, los que aprueban con sensatez y los que obsequian, con solícita cautela, sin rigor, sin mentira, sin egoica pasión de truhanes ni vulgar ventajismo...
¡Qué bellos, me gustan, los quiero, los bendigo, les festejo, les hablo con mi canto, humildemente orgulloso para que no me olviden y me quieran más! ¡Les necesito!
Y bueno es que estés ahí, meditador del ser, venciendo la sorda mudez de los ecos. Que te invites, convocado a la palabra amorosa, que traigas tu agasajo de frases parecidas a las mías, pero con ese toque que sólo tienes tú, con ese aroma que sólo tú transpiras desde el fondo mismo de tu casa biológica, tu viaje desde el asomo amiótico al ego individuante, tan bélico por su ruido, simulacrado, perspicuante, tan transido en sombra y muerte y angustia y agonía.
¡Pero no estés triste, meditador del ser, yo amo a los que hablan hasta en el modo del habla del silencio!
A veces me sorprendo con el aún inagotable todavía-señero poder-del-ser -romántico, a pesar de todo y con su frívola fantasmagoría... romántico (porque tiene mal eco decirlo) por ponerse una etiqueta de pureza, sin sustancia, de espiritualidad en tanganillas, como estila el zángano en la mufla de la nada, sin justificar el soñar en apetito y ansia y coraje y pasión, sin atreverse a sustanciar al ego y reclamar a esa mujer amada que bendice, en libertad, sus besos, sus coitos, sus entregas, sus orgasmos y sin amasarse con su trigo siendo parte de su pan y suerte de su destino, su porvenir y su soluto).
Yo sí soy romántico (no me muerdo los labios al decirlo ni me tiemblan las piernas ni visto de santurrón en ascuas al proclamar lo que dicen los falsos románticos de esquina, por fornicarios y atorrantes.
A la libertad la forjo con vida, el amor me lo como con calma, y soy pan que come pan; soy la risa y el contento del romanticismo, no la suicida jornada del desalentado, no el escudo de cupidines de feria en el monte, o la plaza, o el casino.
Amo porque quiero liberar. Amo porque protejo y ensancho mi horizonte, mi placer, mi dicha.
¡Soy el caballero del individualismo hecho de pan y mujer, de niños y de juegos, de pasión en los cielos y en la tierra!
¡Viva la vida de los hombres auténticos del mundo, muérase la tirria y sus miserias! La soledad no me aterra, yo no creo que haya soledad ad infinitum; mas sí, hay fracasos y desilusiones, pero nunca se es romántico sin haber vivido el ser en desesperación y nunca se es romántico, sin una mujer a la diestra que te diga: ¡Hombre, despierta, canta, glorifícate en mí, vibra en el cosmos, que te doy el OM de la alegría y cada vibración del esquema sonoro de las aguas y de la solidez del quark en la física del quanta y sus soles!
¡Qué bello es el placer aunque sea breve! Ah sí, pero su belleza es eterna y nos compensa y la Naturaleza da dos lamparones, los ojos para que veas sus cuerpos, nariz que magnifica su aroma, manos que descarnan la caricia para dar células complementarias de infinito...
Y la mujer nos desnuda. ¡Es lo maravilloso! Que su desnudez nos intime con tan intenso trámite de esencias, que devuelva la progenie del topós uranus, en la juventud de la alborada, que nos haga sudar la gota gorda por una jerarquía en los deleites del ser-ahí-sobre-su-reino...
Me transubstancio porque me necesita. Me vinculo a una diosa de bellos vellos púbicos. Me arropo con dos senos, me froto a sus dos nalgas que son mi fantasía y ella me reemplaza con dulzura que gime, con pasión que es la fiera del origen, el alfa y la omega, el latido del corazón que vibra en la molécula, que vincula a las lunas, a mares, a víboras, a bisontes, a las Cuevas de Altamira, a glaciares con azul de femenina transparencia, siglo a siglo, milenio tras milenio...
Hay una dicha inefable en ser protagonista de placer y belleza, de asombro y de pasión, de alegría comunicante, de fiereza satisfecha.
Es virtud roer de tales huesos y glorificarse y lamer de esta experiencia, oficiar en tales templos al litar sobre la colcha ofrenda de ninfa, de mujer, de lingam-yoni en vez de sobre piedra dura de rutina.
2. La salud
Para ustedes que meditan el ser y me comprenden y sospechan cuanto me obsede el erotismo, la mitopoesía, les comunico: Cobijad, como yo, el canto, abrid sus ojos a carteles, a fotografías, a las piezas escultóricas de griegos y neoclásicos, a las niñas que pasan, a las chicas del campo, mirad a las flores que están en carne y hueso floridas como arboledas y pradejones. Amad a esa mujer que está en la casa y todo lo que mencione sus símbolos, sus mitos, su padecer y su alegría, su necesidad y su capricho. Todo es el saldo en la tierra de Don Nadie, de las que han sido luz en lo oscuro, lo bello a la mano! ¡la salud existe! y presenciarla en la piel, ajena o nuestra, es dar ojos a los huesos para que la sirvan desde adentro, la gocen desde el tuétano y su calcio.
Vitalizada la sangre marchita es resurtir las aguas en los sumideros; es bendecir a las hormonas (que son nichos de vírgenes y ninfas y golfiñas, o gopis, o doncellas tribales de las ansias, las brujas preclaras de la seidad y el misterio biótico de la verdad entitativa).
Meditador del ser, salud es dar belleza a lo posible y hacerlo es lo más supremamente grato, conclusivo, compensante, ideal, el poetizar que festeja su tesoro, el placer que perpetúa su orgasmo.
¡Qué bella es la salud de las mujeres y los hombres, de los niños y los recién nacidos! ¡Qué bella es la hoja verde por plena clorofila y la sustancia más roja de los pétalos, más que bella, y la transparencia más blanca de las rosas, los claveles y las margaritas, un gozo es, esperado beso!
Azul que sea la inmensidad, azul de crisantemos, azul de océano, azul la belleza acumulada del que en el ser medita y lo halla y lo ofrece y lo declara por amor.
Yo soy un hombre azul, romántico sin tristeza de todos los días. Trago el alcoiris desde la jolla subterránea de mis ojos que se avolcanan en pos de su ilusión trayéndola a la mirada fija, a ojos clavados en mujer, en cumbres, en sueños más duraderos que el hueso y su progenie. Que el mundo degradado y sus mundanidades post-históricas, publicitarias, indecentes...
¡Que se valga mirar como a las nalgas de las niñas montareces y puras, como a los senos túrgidos y a las bocas vírgenes, a lo bello de ese abrirse en esperanzas, a lo prometedor de esa liberación en ciernes, a lo necesario de ese restañido de ternura! porque como sámagos abiertos y brotados del occiso en el rincón más criminal del ghetto, brota siempre la posibilidad de lo más noble, lo oculto, sanador, lo insolícito que la psiquis estructura, por amor a lo bello, por mandato del Eros, no en azar, sino en olvido.
La esperanza empuja la tapa del vil caos, primitivo, olvidado y por artificio de amor, hay cosecha y se da color de pájaro a los cielos y voz de truenos a las cumbres.
3. Dolor de parto
¡Qué bello es el dolor de parto, sus continuidades de fruto, sus fases intermedias que dan color a lo gris, a lo incompleto, sintáxis de futuro y genética a partir de una raíz infinitamente interconexa, programada en libertad para los cambios!
¡Qué bello el peregrinaje secuencial y su finalidad cimera: la belleza es triunfo, fruta madura y en boca saboreada es del que come y comparte y bendice! Casi todo dolor es social, innecesario.
Casi toda angustia es culpa, insuficiencia. ... pero ustedes que meditan sobre el ser y han sido buscadores, testigos, héroes dentro de este despliegue tan duro de potencias, ¡sed pacientes, yo lo soy y me duelo a veces hasta ese coño del ¡ya no más ! derramo bilis... tendrán que haber descubierto como yo, asidos al dolor de crecimiento todavía: la larva no es destino, en todo hay metamorfosis, el viaje no cesa.
El dolor se deja atrás en favor del poema que se derrama en la vagina de lo hermoso. No hay tristeza que permanezca en lo oscuro sin fluirse al útero de gracia, a la desnudez vamos, echamos el ropaje de tirria y de tedio, pies abajo, nos pegamos a ese cuerpo que hay que lamer como sol sátiro, caliente de vibra y escozores, hasta que ceda todo límite de prohibición y cuita.
¿Que ella correrá como patas de cabras, que se esconderá de la voz que la llama? ¡Mentira de la Maya, la voz de lo bello es invencible, su raíz ardiente, su compensación segura y exquisita!
La mujer es redención en sentimiento y subirá a la hamaca del deseo como si la llamara el aire de los bríos y ¿quién hay que pueda nadar contra corriente cuando la mece, con ternura, el deliquio más gentil de la carne, su espíritu que da voces, compañía, otredad de universos plenos y armoniosos?
Meditador del ser, flauta en boca, con mi canto paso los besos del futuro, doy el abrazo de esta mañana, en la tibieza de esta noche en la cueva de los sátiros. A pesar de la rémora que detiene mi voz y de las tinieblas que cercan el diálogo, ahí anda despierto un ser cachondo, crítico, un ser-acompañante un ser en pos de amor y de belleza y orden y poesía.
2-6-96
Publicado en La Tertulia de Mizar (Número: 827, 4 de Diciembre de 2000)
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Publicado por elzorro2 el 20 de Julio, 2006, 23:07
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Memoria del ultraje de Floris
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¿Qué maldad hay si digo que soy una flor, cualquiera sea? ¡Una angiosperma! ¿Unos rosales? ¿Unas sinandras o un mirto? ¿Qué orden me hará menos si mi piel es un coro de pétalos o una voz con la ausencia de oyentes porque estoy en los rubiales, casi desconocida, o en una charca de asechos como las lilifloras? ¡En el ovario, tengo aromas y siempre busco el sol y sus manos acariciadoras! Y danzo porque mi sueño es dicotiledóneo y quiero dividirme y bendecir las penumbras y escuchar su abrazo, desde algún movimiento de sol o geotropismo... El recuerdo es doloroso. Grito brutal. Duele en mi memoria y nadie quiere que recuerde y cunda mi pánico y sea vergüenza y acusación para todos aquellos que dijeron: Bájate los carpelos. Posa en este cartel de la agresión. Házte objeto quieto, mustio, clavada en la maceta, pieza de mis maquinarias, cómplice de los mercados, hija del tráfico de carnes y vidas... Lamento con terror y se desoye mi historia con el androceo y la frase procaz con que dijera, con voz zigomorfa: Ha llegado tu hora. cuando entonces tuve yo mi estigma sin manchas y quedé, sin desearlo, llena de manchas y estigmas! Entre las angiospermas, Floris Virginal fue mi nombre. ¿Qué pude haber sido yo en la garulla de esa multitud de la llovizna que nos cubre; qué pude ser yo (si no algo inocuo, indefensa estrella de una espora) de cara al sol que fue testigo cuando abrí mis vasos, sedienta de ramas, y recibí el agua pura y un rayo luminoso? Quise que alguien bendijera mis cimientos y, por tal razón, junté mis manos y fabriqué un recipiente. Cobijaría un espacio y su semilla, hilaría un nexo con la viveza de las bendiciones: quería servir a lo que es una mirada, una manifestada plenitud de lo posible. ¡Quise ser nido y alimentar a polluelos! No soy sustancia etérea, heraclitiana; yo soy el vaso, el recipiente femenino, la realidad, no la pirueta vaga de lo vivo; el esplendor de los colores soy, las suaves urgencias que claman por el barro, la apofánsis del ser que late en humedades y clama por su amparo y ser amparo. Y de las azancas escondidas broté, olorosamente, y con un deseo de empujar los colores de tez blanca, amarilla o negra, quise ser humana y tener el talle alto de mi mujerío y el bohordo espigado, con terminales de pétalos y labios por una boca con rojo vivo. ¡Eso aún soy y he querido serlo! y no lo han agradecido quienes gritan cuando yo callo, o comienzo a llorar, o no junto las fuerzas, para desafiar a esas manos inmensas, rudas, sangrientas, que pegan en mi rostro y me deshojan. ¡Me queda la sed de ser! ¡Ser para otros! ¡Y mi llanto es frágil y duro es mi dolor! Tengo manchas y estigmas y mi pasado delata demasiado ultraje a mi derredor. Se deshoja mi belleza si ninguno cuida de mí dulcemente... ni riega este pequeño espacio donde estoy y se anhela una alborada mejor desde el huincul terregoso donde me han clavado, a contra gusto. Yo me dispersaría por voluntad del viento lejos de los androceos. No sé si vendrá alguno, entre quienes aún no he conocido a querer lo que soy y, si entre quienes conozco, se ofrendar un amor arrepentido, menos torvo o violento. Aquí, lejos del vergel, a la Venus de Calipigia, con sus nalgas y pechos de piedra, adefesios de porcelanas, se las pondera más que a mi raíz que tiene carne viva y presencia de grana. ¡Pero también este llanto profundo! ¿Hay alguno que vea en mí a la flor, la ninfa casta que anhelara ser, siendo en cada instante, y que metida en tiesto y calabacín de esclavitud terminara? El Androceo, vestido de jabarda y duro ipil, marcó su sombra y mis pétalos temblaron. ¡Tiemblan todavía! Su estambre, como daga, se exhibiría ante mí. Un fullero desnudo de panículas, averrugado, con el color del ausubo y ¡qué voz y aliento de mala espina! ¡Qué piel de brácteas al quitarse la capa y mostrar las anteras, qué azoofílico mirar que no imaginará al amor, ni naciendo mil veces, pujado por la tierra! Si no mira lo que soy, si no entiende lo que fui, ¡maldita sea su enorme polla y el polen amargo de su brutalidad! No lo voy a querer. No lo querré a mi lado. Vestía, acarpelada. Me cubrí con orugos y malezas. Camuflaje más protector me dieron las bestias de los montes. Y aún los pájaros y los telares de una araña. Mi rubia tez, como azucena de los campos, amaneció y yo con más terror que toda cosa viva y, ante el espejo de la luz solar, que dio mi fotosíntesis, aún habría agradecido que se me ocultara de la brisa y la naciente mañana... Como hembra, al fin, a solas conocí mi pistilo y supe que mis ovarios carpeludos olerán a fleromas con los días y sus ciclos de caducidad y abundancia.Y que las gotas de rocío me delatarán al amanecer, quizás un poco menos que las guajanas livianas, alborotadoras en la selva tropicalosa donde vivo. Hasta ese entonces, ningún estambre, por más que lo pidiera, en hambre de echarse sobre el tálamo y chupar mi receptáculo en la noche, pudo lo que quiso, aunque yo hasta el sépalo quisiera. Espera un poco más, dije porque, sépanlo: virgen soy hasta el cáliz de mis lamentos, y el sol si me besa las mejillas, me entretiene y los verticilos de mi inocencia se glorían. Es tan bello vivir para los soles. Casta para el sol sería hasta el periantío. ¡Y qué poco sol, qué poca madre, el que hurtara a la luna vino y me sujetó con su fuerza, como ladrón en la noche! ¡Y quema mucho, falsa radiancia con falso sol en grumos de golpes bajos y violencia! ¿Por qué ojetes, saltando entre otras hojas, se avalanzó sobre tersuras que, aún no son llamadas a la oxitocina? Se atravesó como mutilador, daga en mano. Citó la tocineta y se dio banquete ¡ay! conmigo. Los androceos como lilifloras y se jactan. ¡Cobardes! Avanzó como flor de la maravilla, lobo vestido de cordero y autosuficiencia. ¡Atracador, injusto! Todo lo que antojé le dije. Su iridáceo ornato no le dio derecho a brincar sobre mis pétalos. Cruel simiente, ¿quién le dio consentimiento? Se equivocó como oreja hongosa, sordo a mis súplicas. Se pegó, con su rugosa madrépora y chinga madre. ¡Me has ofendido! Que se vaya, entonces, con su troncosa estirpe hasta guayabo y se divierta, pero no conmigo y malhaya sea la pútrida pepa que lo germinó. ¡Por eso, pues ni lo quise ni lo quiero! ¡Quítate el carpelo!, ordenó como si fácil me gustara echar mis pantaletas a rodar al viento, o mecerme en las valvas de su verde ramaje. Ni entre colmeneros escuché tal maña autoritaria, ese dar en la flor como en cueros de tambores, golpear, seducirme, ultrajarme. ¿Qué cuesta respetar mi primavera? ¿Vive él como gandaya, a floralis ludi? Calla, malandro, helecho con cara de poliandro, que soy doncella de la corola al periantío, porfié. El contestó: ¡Cuatro pólenes me importa, cuatro flautas! Se agarró el estambre como quien empuña su bayoneta calada en la oscura senda del deseo y escupió su manotazo pegajoso hasta salpicar mis pétalos. No te escaparás, coralita. Para entregar sus anteras, a palos de cundango, él me cosquilleó el tallo. Echaría mi falda abajo. A causa de sus juegos de lúbricas truhanerías y movimientos, me ví levitada y a su alcance. ¿Qué pude hacer si fijada a raíz estuve y el céfiro se escondió en una nube y por el vuelo doliente del ramaje, me ví tan indefensa y vulnerable. Hasta para la rudas manos del jardinero, me traicionaba en la soledad de la encerrona y su esquinazo en la penumbra. A veces, a una flor, el vendaval, su ventolera, la revuelca y erosiona, desde adentro con minas de luna, y perdonas. Un escuadrón obrero de abispillas es mucho más que la energía que guardas. Así sucedió. Una abejota gorda y muy maníaca, se armó de su aguijón a cierta altura de mi penacho. Y me llenó de miedo. Hasta mí bajó un gusano hosco y chupó un sorbo de mi alma y lanzó una granada desde el aire. Todavía no comprendo... ¡Ay, el picorcillo que dejan sus mordidas, ¡ay! son granujadas de lujuria, pero digo yo, viva sea la misericordia: ¡cómo se chupa la dulzura de mis hojas, pero yo soy una rosa ¡y no se respetaron mis besos! Con traición, el androceo, aprovechador de soledades inoportunas, no escuchó que pedí su piedad. ¿A quién diré pues: espera? Falomafiosos me entregaron al tugurio y comedero. Se comportaron como una subclase de mogrollos. ¡Cuando una abeja te enciende la jalea y te deja apendejada en el orgasmo, cuídate, floris virginal, otro peor vendrá a alimentarse de tus loquios, al amparo de tramas seductivas. Mi burlador observaría al pájaro que vuela y a la abeja que chupa. Por eso serán oídas como ¡palabras cochambrosas, más burdamente aprendidas de carracas, gestos imitados de otros bichos cantarines, tardíos zumbidos en colmenas, que te echan al oído! Cuando brincó a mis sépalos ya él sabía cómo quitarme los carpelos, sin más consentimiento que mi llanto y cómo hundir sus dientes donde más comezón el aguijón nos deja. Se frotaba a mi corola para comunicar su bestia pentacíclica y llegarme a la vena del deseo. Su lengua fue convicente, no porque lo que dijo, no... ¡por lo que engendra en mi tubo estiloidal, por escozores que impuso a los mórbidos intersticios vegetales! ¡Qué aberrantes estímulos, qué vergüenza colada, donde ya sólo queda por opción derrarmarse! El androceo se meció geotrópicamente, encimado donde no fue llamado y, para sorpresa mía, no quedé satisfecha, con el ritmo estambrizado! Despatarrada para él, ¿qué cuentan mis lágrimas verduzcas, o de qué vale maldecir el gineceo, o querer venas abiertas para que salga leche blanca de los tallos? Ya, con granizos despojados del estambre, o con anteros quebrados en los saltos del polen, que caiga lo demás sobre ese tálamo, que descosa el pico mi agujero y el cáliz de la ira ofrezca señal de Gran Tribulación. Que venga el Cristo Verga entre las flores... ¡ay, la carga masculina de vida fecundante, ay, babosas estrellas del ovario, ay, el ojo sorprendido, ante gérmenes futuros de llanto! ¡Ay, del último ay, la Gran Tijera del Jardinero humano, ay tribu, mi ovación! Me cuento entre las flores caídas y burladas. Un jardinero trajo las pinzas, tijeras de afilada certidumbre. Me observó inmensamente frío, perdida, aún joven y abandonada. Y con gozo homicida, al saberme abierta y seducida, como patas de lagarto bocarriba, me lavó no por piedad. La cochambre del canijo fue evidencia. Esta es puta también, se abre, se derrama, así pensaría. Como dios que trafica con culantro y forja yerbabuena con la ruda y, cuando hierve el llantén y siega el anamú, me vendería. El androceo se quedó allí, viéndolo todo, borrachito de amor por causa de mi tala. Si me vio, no me conoce. Que me lleven a la múcara, a la muerte, a los herbarios. Habrá otra flor, sobre la cual saltar como una rana, cuando se reponga de haber seducido mi dulce y núbil silueta de azucena. ¡Mírame, androceo, arrebol en cada pétalo, vibrátil cada miguita de célula, mírame en deshonra de plenitud, putalizada para el corte final del que te imita! Soy un cacalote de tenues tejidos, harapito hecho lisonja del diseño de siglos, Ceres que suelta el mirlo para hablar de la vida hecha jazmín y rosa y gardenia e hibisco rojo: lindas flores para el placer humano. La mano que me arranca de la tierra es otra bruta mano. Y tiene su tiesto en la esquina. Durante días cacrecos de ventana, en la casa de las cosas y las gentes, yo seré un adorno, objeto en calobiótica regularidad de porcelana. Seré lo único verde, vivo, oloroso y sencillo, como la puerca caída del polen, o las feces negruzcas de los pajaritos. Me marchitaré a solas. Ya no soy niña. A los capullos, los devas, húmedos y oscuros diablillos del rocío, los protegen. ¿Y a mí? ¿Quién?... ¿quién cuando más bella soy para el que espía? Por el contrario, a la luz de ojos ciegos, indiferentes y mezquinos, me sacaron... y, en despedida del jardín que me cuidara, el androceo, tú, maldito, me quitaste las querencias de mis ramas... ¡Estoy triste, violada de vida, como puta en su maceta de frazadas, cazada a tijerazos para enormes palacios! Te recuerdo, androceo, y me das pena y siento odio. Me díste el primer tijerazo, sin tijera. Entre los míos me humillaste. Te saludo. Escupo mi despedida con pánico... ¡Ojalá te seques o seas pisado como orujo y henazgo! Te recuerdo, androceo, y me das pena y siento odio. Me díste el primer tijerazo, sin tijera. Entre los míos me humillaste. Te saludo. Escupo mi despedida con pánico... ¡Ojalá te seques o seas pisado como orujo y henazgo! Pero yo fui casta y silvestre hasta el periantío. Hoy, a una lluvia de horas, desflorezco.
Miami, Florida: 13-5-1987
Publicado Domingo, Noviembre 7, 2004 en Opine http://www.astrolabio.net/opine/publicaciones/109983399470201.html
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Publicado por elzorro2 el 20 de Julio, 2006, 22:34
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El último adiós
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a la Dra. Marcianita Echeandía Font (1895-1968)
Last Monday, Doña Marcianita stumbled and fell down some steps at UPR… She was buried at San Sebastián, the town where she had once come by a sizable inheritance which she reportly declined, choosing instead to live at San Juan, in the center of the struggle for the ‘cause’, which was her other self:..
Fighting spirits like her own, which did honor to her warlike name, are too little with us (on all sides of the political fence) in a Puerto Rico corroded with complacency and materialism: Dimas Planas, The World of Dona Marcianita (The San Juan Star, Friday, February 2, 1968)
Para que Marcianita Echeandía viera y comprendiera la agonía, en su sentido más dramático y profundo, contemplo su otro Ser, el colectivo, el patrio; para que completara el análisis que ocupó toda su vida, hasta su muerte en 1968, se rodeó con perros y gatos pulgosos. Comió mal como ellos. También se adhirió a las protestas callejeras; sudó y se quemó con el sol en las vigilias, los piquetes y manifestaciones.
She was standard audience at concerts and lectures and at legislative hearings which might affect her ‘cause’… Doña Marcianita is an ambulant ralley. Wherever she goes, The Cause finds itself an excellent mouthpiece. She reads everything and is up on everything… More than likely, Doña Marcianita accompanied the anti-mines, pro independence students out to Utuado to post bills and distrubute propaganda, attacking the proposed mining explotation…
Estos seres miserables, par de perros que la escudan de perseguidores infames, par de gatos, sus felinos del alma, como su sombra, fueron fieles. La protegieron. La pasearon por las afueras de la Ciudad Universitaria. La presentaron, como un animalito más que olisquearía a las frutas desechadas en la Plaza del Mercado de Río Piedras; aprendió a hurgar entre desperdicios, a tomar una fruta para hoy; otra para la otra mañana. Marcianita no se avorazó por nada material. En casi un decenio, no ha pedido un vaso de agua a los suyos. Si algo, al humillarse, pidió fue el amor de su padre quien, por linda y distinta, la adoraba. «No me volvió a adorar otra vez», dijo. Otros ladraron a ladrones y, los menos, fueron opresores de su libertad. Marcianita llegaba, siempre a pie, hasta la fonda de «El Obrero», donde Perico el Gordo, compadeciéndola por saber quién fue ella, hoy una farmacéutica ambulante, sin abrigo y sin establecimiento (en otrora época, profesora en universidades de New York), le tomó algún cariño y subía el tono de su voz, con la exigencia: «Tráigase mingalo para Marcianita» y, no sólo para ella. A dos perros, sus guardianes piadosos, también hay que alimentarlos. Siempre presta a dar algún servicio, preguntaba: «¿Algo que pueda hacer por tí, amigo mío?» A veces se tendría que pedir, como pide el limosnero, por caridad. Sufrió hasta el máximo para evitar mendigar de esa manera. Por sufrir con las agruras, Perico se dejaba recetar por Marcianita. «Apunta. Esto lo tienes que comprar», y comenzaba a dictar lo necesario. «Gracias, doctora». Las sobrajas de la cocina de El Obrero hoy serán, como otros días, banquete para una mujer tan especial. Sobre todo, agradecida, Marcianita lo mejor de sí lo da. Lo viene dando. No se pega como lapa para nada que no sea trascendental. Comer no es una de esas tareas que le quita el sueño. Sabe que ya es vieja. Tiende a ser parca y modesta. Anda en fachas, hoy fea, indigente, están sucios sus vestidos, pero no su alma. Ya le gustaría morirse; pero no dando pena. Por eso estudia Leyes y persiste, viviendo... Quien prohíbe que haga sombra en Pepino sus razones tendrá. Sí, temen que se acerque y participe de la riqueza de su padre, pero, ella no se va. Algo es su Ser, que no lo censura ninguno. «Algo soy... más que la pobre vieja que ven», se repite. Lo ensaya en medio del frío y su colchoneta de periódicos viejos. «No estoy tan loca», ha llorado a solas al lado de algún gato que le presta los ojos. Han advertido a Marcianita que robarán su herencia. Lo que su padre quiso que ella tuviera, como recuerdo, no será suyo. No espere que le ofrezcan un vaso de agua. Ella responde: «Muchas cosas valen más que el dinero. Un poco del amor de todos ellos, los Echeandia, me sustentarían más. ¿Es mucho que lo pida?» Fue sabia hasta para administrar este amor que duele. Está agotada, pero sigue luchando. Encarna el espíritu de la Academia, la universidad, el ateneo. Sabia es. Su presencia no falta en favor de movimientos sociales solidarios; se dio a la tarea de romper la Torre de Marfil, cuya misión intelectual ha sido apañada. Ella es éso: lo que reorganiza, libera. Todo y más, empero, encarnado en un espectro de harapos. Las hojas de periódico con los que ella muellea su camastro son fieles. O dan su usanza de frazada. Con una caja de cartón, doblada en dos pedazos, Marcianita formó su colchoneta. Dormirá sobre el piso. Un pasillo del edificio de Ciencias Naturales, dentro del campus de la UPR, viene siendo su habitáculo. Lo material de su entorno más fiel ha sido que otros seres que se llaman espíritus, entes de razón y sentimientos, pero no le dan apoyo ni cariño. Ahora a su familia, a la que ama, la define. La designa y la llama Patria, la Causa Nacional, el Ser-social, mitad de su alma. A la edad que Marcianita tiene, no deja de estudiar. Asiste a la Facultad de Leyes. Sabia es. Fue sabia. «¿Qué necesidad hay para que estudie a su edad, señora mía? Si sabe que se le negará la oportunidad de enseñar, a usted que sabe tanto, ¿por qué persiste?», le preguntan. Bajará una escalinata. «¿Qué necesidad?» «Toda la necesidad; el proceso del saber es inagotable».. Económicamente, explica ella, puede que se destruya a los individuos más fácilmente que a las sociedades. El dinero alimenta a sociedades. O separa o cohesiona... «y si comes mal, te mueres paulatinamente; pero, sin el estudio que es otro alimento nutriente, tardas menos en morirte. La economía del corazón requiere el libro, estudio crítico, diálogo. Estudio para que, sea más dificil que como persona se me destruya. Y para aprender a sonreír, estudio; y viviré para otros al defender la Causa, que es mayor que yo y mis penurias individuales». «¿Quién hay en tu familia que pueda recibirte y no lo hace?» «Gente infiel hay mucha; familia, toda la Patria … A Getulio y Pedro, más pesados que un collar de melones, los enfermó el poder del colonialismo; ya no son míos; no querrán ni mi féretro», ríe; «pero que se estén en paz, ya no voy a durar mucho, ni voy a pedirlas nada… El dinero me ha hecho falta, mas yo no estoy triste por eso. Tristeza me da que me falte trabajo y que se piense, en Puerto Rico, que por llegarse a mi edad, no se sirve para nada… Desde 1947, las agencias de inteligencia, CIA y FBI me prepararon la faena, este destino, el desamparo... y con el 'disruption program'; es que me han herido. Me desarman con guerra sicológica... la Guerra Fría comenzó, para mí, el día que me anunciaron, como una leprosa con el rostro escarlata, el Miedo Rojo... y que, al regresar a Pepino, se me tema de ese modo duele y oír lo que ha dicho sobre mí Hernán Sagardía, duele... Es una pelicula de odios, The Hollywood Ten... ¿Quién me acusa así? ¿que soy no víctima, sino la victimaria, no la espíada, sino la informante, la chota y camarona? Con la boca de Sagardía lo que dijo duele, porque el apellido me fue fiel y amado, como el recuerdo de Teresa». Son fobias coloniales y espejos paranoicos que patrocina el imperialismo, el tentáculo estrangulador de la Guerra Fría... Fieles son los militantes de la FUPI y «yo, más fiel a ellos, mis verdaderos hijos». Aún marchan y gritan contra el imperialismo. Los nacionalistas ya son tan pocos. El estadolibrismo los ha ido matando. O les ha torcido la boca para que blasfemen, mientan, o desinfomen. Marcianita colectó unos dolaritos. Ni un centavito será suya. Son para la gasolina de varios fupistas en tareas de propaganda. Habrá que marchar a Utuado. Evitar que el Imperio se quede con las Minas de Cobre y se complete la entrega de este patrimonio sagrado. Esto es más que la herencia que se insinúa que ha de ser suya, si renuncia al izquierdismo. Esto es la dicha. «No van a darme nada y es mejor que no lo hagan». «¿Qué importará ya, si Getulio ya ha muerto? Y, ahora él, Pedro Antonio, ¿qué fortuna, cree que ofrece? si no me quiso nunca... Me han bloqueado. ¡Pobres de ellos!... se morirán como yo, sólo que les dirán miserables», se consuela Marcianita. Ella es la militante más vieja. Una independentista cojonúa. Una de cuatro gatos, como dicen los anexionistas de su pueblo. Otro comunista del Pepino, Pablito Rodríguez, ha visto a esta hermana militante y la evalúa: «(Ella) habría podido ser nacionalista-albizuísta; pero vio más lejos, se anticipó, visionariamente, a los juicios hermenéuticos sobre el fenómeno de la lucha de clases y la articulación del colonialismo». Con razón dice su familia: «Ella es una mancha para el negocio». El negocio de un apellido prestigioso. Los Echeandía del Pepino la quieren lejos. Desde 1917, Puerto Rico es considerado un territorio federal y el Wartime Draft está vigente en 1917, por causa de la Gran Guerra y, en 1941, por causa del ataque japonés a Pearl Harbor. «Malditos sean estos años», ha dicho su familia. Malditas estas guerras durante la cual es su voz la que se escucha cuando grita: ¡Paz, paz y paz! «¿A qué vienes?», Marcianita: mujer más peligrosa que una piraña en el bidet. Más peligrosa que una mona con pistola. Es comunista, subversiva, pacifista, cuando menos conviene. Le lleva la contraria a todo el mundo. «Estudió mucho, sí, pero tiene el casco como el del juey. ¡Lleno de mierda!» Vieron que la Dra. Marcianita visitó los predios que dejara a causa de su exilio voluntario en Nueva York.
II.
Había realizado sus primeros estudios de farmacia en la Universidad de Puerto Rico. Se fue a Nueva York, a fin de dar continuar un posgrado. Como en todos los Font, el amor por la quimica fluye por las venas. Allá pasó catorce años. Investigó la poliomielitis. Estudió la maestría y el doctorado en Química. En la Universidad de Columbia, fue laboratorista. E hizo descripciones orgánico-moleculares de las vitaminas. Fue sabia, genial, aún dicen. Es sabia, ¡sí, señor! Marcianita acaba de recuperarse de un mareo. Su memoria se ha ido a los días de Getulio, a los días de la Matanza de Ponce, a los dias de Chilín, su hermano. «¿A qué vienes?», repitió Getulio. Doña Teresa Sagardía, anciana piadosa, a veces cascarrabias, típica atalaya de la rectitud victoriana, la recibió. «Que acá no venga», dijo Susana Echeandía, viuda de José Caballero Ayala. Que Marcianita apareciera por el Pueblo es mal augurio. Una distancia afectiva fue creciendo, odio y envidia que desataron sus hermanas para que el padre dejara de quererla. Juntas, doña Teresa y Marcianita, han recordado las palizas que le dio el padre. «Fueron más duras las que le dio a Chilín». «Se las merece el bribón». «Corregir es un arte; no una tarea para coersión y humillaciones». El silencio es un modo de hablar de Doña Teresa. Ha bajado la guardia. Marcianita no un casco de juey, como pregonan. Ahora le contó a la visitante que Doña Sista Torres Arvelo, viuda de Pedro Benejam, murió también y su muerte fue triste. Los hijos de Toño Pav?ía-Conca y doña Laura Fernández se fueron a San Juan. «Es una pena. Frustraciones políticas que han vivido… No quieren saber de este pueblo cochino». Doña Teresa dijo a la más linda, inteligente, de las hijas de un 'prohombre de apellido', don Cecilio, que Pablito Rodríguez, el comunista, se paseó con una 'mujer de color' por todo el pueblo. Peor aún, hizo que doña Bisa Rodríguez Rabell se echara con ella una colorida platicada. Bebieron el café de las 3:00 y a las 6:00 hasta pasteles de masa con ketshup y lechón asado comían mientras la negra le daba cátedras de antropología sobre linajes mezclados, y Doña Bisa lo celebró riendo a mandíbula batiente. Se despidieron besándose las mejillas... «¡Qué horror!» Esto sí lo informó a Marcianita como lo más escandaloso. Marcianita refrase para que doña Teresa entienda: «Pero, ¿qué es una negra, sino otro ser humano con un poquito más de melanina y azucarado cachondeo?» «Gente que quema las haciendas por resentimiento». Doña Teresa accedió a su memoria cascarrabias, yendo al módulo sensitivo que detona la amargura y las irreconciliaciones. A su hermana Tomasa, viuda de José F. Zagarramurdi Tornería le dejaron en llamas y arruinados varios caserones de su hacienda. Y lo mismo, quemarle, lo hicieron con su hermano, Sagardía Torréns, un hombre bueno. Un hombre bueno de 1898. Sirvió a Marcianita un par de consejos, por de pronto. La necesidad de perdonar es uno de ellos, aunque sea más difícil olvidar que clavarse en los rezos. El almuerzo está listo y da gusto verla que come. Nadie quiso estar con ellos. Y da tristeza que esté en Pepino y sola, escondida en la casa de la vieja Sagardía Torréns. Temida como The Red Scare. «Se que sufres y se te acabó lo guardado». No ha querido decir, a boca de jarro o con burla: Comes mal. Estás en la miseria; hambrienta, vieja loca. Mas es obvio: la obstruyen y hay quien se alegra de verla sin trabajo, con el moco caído, pasándolas más negras que un luto. Más no vino a pedir nada. No se le prestará un céntimo. Se irá como vino. Ya, de contínuo, su almuerzo es más sobrio, a prisa, sin manteles ni cristalería. No almuerza ni desayuna ni cena como hoy, cuando cada detalle de protocolo fue cumplido: la posición de los cubiertos, la secuencia de los platos. De veras a doña Teresa le da gusto que venga Marcianita y la acompañe. Por ninguna otra de las hijas de Cecilio y Marciana Font, hace éstas cosas. Ni por Sara ni Teresa, ni Getulio ni Antonio, lo hizo. Como Marcianita, hija, pocas de su cepa. A nadie vio en Pepino más fino, enérgico, noble desde su alma, desde los días de Epifanio Liciaga y las hermanas Arteaga. Sólo a ella. Afirma, como Marcianita, que no le gusta la persona que va y reza, se persigna y confiesa, hartándose del pan de comunión seguidamente, y se regresa a su casa con odio, envidia e impureza. «Esa gente no me gusta», insiste. «Es la gente que te hará daño… pero cuenta conmigo». La anfitriona lo sabe. «Desde que eras niña, Marcianita, supe tu problema: ¡exceso de entusiasmo y, sobre todo, mucha belleza para perdonarse!» No es católica ni puritana alguien que, como Marcianita, dijo a sus hermanas que lo más rico que puede experimentarse en el cuerpo es la ropa suelta, el busto sin la apretura del corsette, pantaletas de seda o, al menos, ninguna, gozarse en cueros, para que una ventolera te refresque la vulva. No es católico-puritana la niña influenciada por el Charleston, rítmica y osada, vestida con sus minifaldas aun en los albores del '20… Su curiosidad lo arropaba todo. Vivía enterada por las revistas de Europa cuanto dijera Coco Chanel sobre lo sexy y lo exótico vs. lo burdo y vulgar, las colecciones primaverales tocando la piel de una mujer primorosa, en plena victoria y montando sobre caballos y, por lecturas locales, memorizaba la poesía de Rodriguez de Tió, las teorías de Luisa Capetillo, el pacifismo y el sufragismo de la Liga WILPF y su Marcha de 1915 en New York. «¿Qué no has sabido tu?» La recuerda ante el piano. En su juventud, fue un mar de alegría y había estudiado música. En 1920, al fundarse la Liga de Mujeres Votantes y confirmarse una Enmienda Constitucional que concede el derecho, la hija brillante, la «promesa intelectual» de Cecilio, se trajo las ideas y todo lo que aprendió en la Universidad de Columbia, en New York, sobre organización de votantes, lucha anticolonial y feminismo. «Lo que escribes en El Imparcial es exceso de entusiasmo, mijita», insistió doña Teresa. «Exceso de entusiasmo que yo llamo libertad y que se manifiesta muy temprano en la psiquis» «Así es, así es», asiente Sagardía. «¡En la infancia, ay libertad pubertaria, te extraño! ... el primero que la observa como algo amenazante es la familia, no tú. No yo. Si no valoran esa energía que es la libertad y lo que representa, ellos serán lo que te pidan: Reprímete a tí misma; comienza a morir sin soñar, no seas independiente; no viajes, no vivas... Y yo me fugué con la libertad después de dos o tres palizas que papá me dio y castigos que pidiera mi madre, como eso de rodillas sobre el guayo y encerrarte en el cuarto por días, que son arrestos domiciliarios. Cuando en quienes has confiado que te aman sin condiciones no lo hacen y te castigan de ese modo, aprendes que tienes que soportar aún más por amor a otros y por amor a tí misma, ¿no lo cree usted?». Contra Chilín, su hermano, las palizas fueron más contínuas y se las daban a latigazos con una soga de esparto. «¡Pero eras tan hermosa, Marcianita! Me da pena verte así, mal arreglada que hasta el guaraguao te picaría...»
III.
Es el tercer peldaño que baja. Ha regresado el mareo. Fue la más linda entre todas las hijas de Marciana y Cecilio. Fue tan preguntona que, en 1915, se dio cuenta que existe el sufragismo. Había una Liga Internacional de Mujeres por la Paz y unas 25,000 de las mujeres de Nueva York marcharon por las calles pidiendo el voto. Quería estar allí, ¿y a quién decirlo? Las mujeres de Pepino están llenas de miedo; sus hermanas se burlan; creen que está loca... Mas ella insiste, gústele o no a todos ellos, se irá a Nueva York. Quiere estudiar más allá de su bachillerato, ser útil. Descubrir algo nuevo. Inventar algo antes de que se le vaya la vida... papando moscas en El Pepino. «Mis hermanas», se queja ella, «me odian», dijo no queriendo dar rienda a un desaliento o desesperación; más bien, a una curiosidad que galopa dentro de sí cada vez más apasionadamente. El amor es tan importante que ha vuelto; pero se siente mareada. Tras sus alegres semblantes, las hermanas quieren que se vaya. Que desaparezca. Una sensación de impureza las inflige. Para su padre, la sociedad que idealiza y patrocina se centrará en el varón patricio, con hacienda y relaciones precapitalista. La mujer debe ser, si bien coqueta, sexualmente inocente, virtuosa y obediente, que es lo principal, qmén de modesta y piadosa, como la Belle of the South, según él conoce Don Cecilio de la revistas de Georgia, South Carolina y New Orléans, que son mecas de jugosas plantaciones y riquísimos terratenientes. Casi se escocota al dar ese paso, enfrentarse al padre que la espera, con el gesto ceñudo. «¿Cómo se atreve Marcianita? Se maquilla, llena su cara de totitos sin permiso de mamá. No deja nada a la imaginación». Tal parece que se anticipó al fox-trot. Ha bailado como una negra del puerto algodonero de Carolina del Sur; tiene un desenfado tal que el ritmo es la tortura mental de sus hermanas... ¿Quién la enseñó a bailar así? ¿Las Juarbe? ¿Dónde? ... donde se remeneaba María Songo por allá por El Guayabal. Lo cierto es que ocasionó un escándalo entre universitarios a mediados del ’20 en San Juan. A Marcianita la enamoran y el desplante al varón revela que sólo en apariencia ella es frágil. Se le ha metido un Diablo adentro desde que se fue para la losa. «¿Me voy o me quedo?, pregunta ella. «No quieren que estés cerca de papá?», agregó Sara. Tampoco necesita, para nada, las protecciones agresivas de Chilin. Ella exigió que se le explique por qué se cultiva una voluntad débil y sumisa en un pueblo como en el que nació. «El pueblo nació asustao, o qué es?» No entiende, ni lo entendió en su adolescencia, el reproche de aquellas gentes que se aferraron al establecimiento victoriano y elitista, porque este no es el Viejo Sur algodonero, idealizado por Robert E. Lee en 1830 ni la Barcelona de la que hablara Víctor Martínez Martínez. No hay nada qué idealizar ni como belles del Sur ni como black concubines. No le acaba de gustar lo que ocurre en sus narices: Cheo Font que corre tras Cirila La Yegua. María Bejuco que da bastardos a los Echeandía... El anexionismo colonial se fortalece a son de asesinatos, blasfemias y corbardías. Trabajan en las sombras. Marcianita, organizadora del porvenir, siempre ha sabido sobre el sistema de la estrangulación, que no siempre se solapa. Es una marxista declarada. Una feminista declarada. Una independentista feroz... pero, en su edad humana, hay 73 años de síntesis entre la diálectica de un amor trascendental y un tormento, y va a buscar a su padre, quiere verlo por última vez y se ha ido la luz por un resquicio emotivo de los huesos y, ahora para que comprenda la agonía, en su sentido menos dramático y menos profundo, se ha dividido en dos al caerse y golpearse la cabeza. Está unos peldaños más abajo. El cráneo le sangra... pero no es que muere. Cayó. Contempla su otro Ser, el colectivo, el patrio. Puede vivir un lapso de múltiples fragmentaciones desde los dos, a los 73 años y, al final de tal edad, sentirse completamente satisfecha. Se ha cumplido su destino entre los más honrados de la tierra, que es el que prevalece en los planos de la eternidad. Ahora puede sonreir con los ángeles, mendigos y descalzos, quienes cuidan a sus mascotas, gatos y perros abandonados y realengos que ella albergaba, desde niña, tieniéndolos en viejos rancherones de la Hacienda Echeandía. Ahora lo ve todo dibujándose claramente... muy, muy claro. Han llegado algunos de la FUPI, allí, en un día lluvioso, está los fielos. Ocupará un ataúd de $60 pesos, el último de su tipo que echarán Juanito Pana y Luis Cantántara a una tumba en el Cementerio Viejo de Pepino. Más duro fue el piso del edificio de Ciencias Naturales. Ahora tendrá una tumba, con su miserable forrito de felpa. Es un espacio íntimo. Conservará los sentidos vehementes, como ahora, que los oye y los ve y algunos creen que ha muerto definitivamente, sin gracia ni gloria. Van a decir unas palabras en su nombre. Las agradecerá con corazón abierto. Se turnará Joaquín Torres Feliciano, otro poeta de la angustia Ramón Vargas, Rubén Arcelay, Pinchi Méndez, Evaristo Font, los hermanos Grillasca... sólo ellos dirán lo que Sara y Toño Echeandía no pueden decir, aunque están ahí, muchas de ellas, bajo la lluvia y los verbos encendidos. Para que completara el análisis que ocupó toda su vida, hoy en su muerte, se despidió de algunos perros llorosos y gatos, menos pulgosos, maullaron. Un juncaleño, presidente de la Federación de Universitarios Pro-Independencia (FUPI), Rafi Rodríguez dijo lo mismo que pensara Nilita (Vientós), Miñi Seijo y Juan Mari, «ella es un ángel». «Entre nosotros, es una luz del faro que no se apaga ni en lo más oscuro de las borrascas». Se despedió de algunos perros llorosos, los que la escudaban de perseguidores infames y de gatos, sus felinos del alma, los que maullaron un nítido sollozo. Todos ellos, como su sombra, fueron fieles incondicionalmente.
*
Del libro Leyendas históricas y cuentos coloraos de Carlos López Dzur
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Publicado por elzorro2 el 20 de Julio, 2006, 22:02
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Yo soy la muerte
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¿A dónde vamos?
A veces las palabras
se ocultan entre líneas…
(…) No sabes si estás despierto o dormido,
si eres tú quien escribe / o alguien te dicta:
Héctor Soto Vera, en: A Carlos López Dzur
1.
Déjame ir más allá y verlos.
Oír si han soltado los mirlos.
O si el miedo que alegan
que tú inspiras... tapiará los sepulcros
de sus cuerpos, guardará la viña.
Navégame un poco más allá
de la bruma tan espesa, allá
donde hay mesones, llévame.
Asómame a escondrijos
de radiaciones cósmicas, formas
aún por inquirir, mas no espectralidades.
¿Cómo estarán ahora esos hermanos?
¿Cómo Chato, mis padres, mis abuelos?
Amigos muertos, héroes que amo…
¿Serán como precarias masas
de la atmósfera, metagnomías 270 veces
más pesadas que los ojos del átomo?
No importa qué electrones.
Llévame a verlos.
Revélame sus almas, reencuéntrame
con sus miradas y sus cuerpos.
Muéstrame a los viajeros del desierto,
a los que llamaste cruzadores,
aunque fueron ladrones en el Kimtu,
o mercenarios rumbo a los caminos
de tus Lugares Santos en los Montes.
2.
Abre, entonces, tus ojos, Carlos,
tus ojos interiores, ojos en el Zohar,
iris de troubadour, boca
de «dolce stil nuovo», tus ojos
tranquilos, pero de chispa picante
(la guerra verdadera la tienes
en el alma, curioso olfateador
de mis memorias), Zorro viejo.
Te diré a dónde van y quiénes son
los que a la otra orilla va llevando Caronte.
Puede que los escuches, puede que sólo lloren.
Algunos han sabido que se han muerto;
otros no. Todavía creen que sueñan solamente
o que bebieron mucho, o que les juegan
sus bromas de mal gusto los extraños.
3.
Esta laguna es cualquier punto
del alma; como Estigia la designó
el mortal en su «para sí», forma
en que como tales viven.
Es pues el recuerdo tomado del azar
y del rincón de los mares,
aguas en que nacíste.
Será, después del viaje placentario,
que una No-Eternidad ha maldescrito
esa mirada desde el puerto de los días.
O tal vez Estigia se argumenta como punto
de nostalgia, vínculo renovador del río uterino,
el más heroico, cuando inocencia
aún tenía el varón / la mujer,
matriz «en sí» del ser,
porque el «en sí» es eterno,
eterno y femenino.
Una vez asomados a la charca
de la existencia bruta, amarga,
la Muerte existe.
Díme si conoces con amor
afluentes de tu barrio y de su orografía.
Díme antes si hay quebradas
en la tierra aún no saladas
por la violencia del hombre.
De otros mundos y vidas
a los que díste pisadas y olvido,
he de pedirte cuentas, Carlos.
¡Te están haciendo Tu Carpeta,
obreros de las delaciones
y ángeles son que visten
como mirlos e imitan la voz
de los lenguajes,
desde su pico amarillento!
La Estigia puede ser El Nilo,
el Sena, el Ter de Catalunya.
Culebrinas, Guajataca,
o un pozo en Mirabales.
O un Salto del Guacio.
Infinitas son las hijas de Cefiso,
dios de las aguas oscuras
de las que beben los muertos.
4.
5.
a Jean Paul Sartre
Hay una muerte que se vence lentamente;
una muerte que no tiene mentiras.
Ella pone más presencia del ser en el mundo
y a los hombres cobija.
Los observa desnudos ante su mirada.
Los viste. Los nutre. Les propicia la Dharma.
Los vomita desde Aquel que los devora.
Con la ofrenda es posible.
Litando la alabanza, sacrificándose
en la Tierra de los Vivos, sin esperar
baúles y tesoros de bienaventuranzas,
las gracias de cada quien y privilegios.
Lo único que nos revela inagotables,
dignos del infinito, indevorables por Cronos,
es este sacrificio, la muerte linda del dar
con darse desinteresado y profundo,
dar aunque sepamos la existencia
signada por absurdos: haber nacido
y tener que morir en medio de este abismo:
«la nihilización siempre posible de mis posibles».
6.
No se trata de las renunciaciones.
No del cadáver del Deseo.
No de una moneda colocada
en la costilla o la boca del difunto.
¡Esto se paga en vida,
venga o no venga la Muerte!
Esta es la virtud anticipada
y la gracia trascendente,
la bendición a tiempo:
¡Eros, eros, eros!
7.
No me los llevo al infinito, Carlos.
No estés triste por ellos.
Volverán a lo mismo, en breve:
Mingo La Perra a trepar el palo,
Sabino, a la albañilería,
Cornelia a santiguarnos.
A rezar, La Puerca y Pascasio.
Un palo encebao es la vida
de ellos, sus habitáculos en el yo,
en la autohisterizaciones,
en las norias del buey
y lo alienado.
Estas gentes no tienen plenitudes.
No son del Uno, ni sospechan
a Spinoza, ni los otros lados
de la onticidad y sus universos.
Están verdes y crudos,
sin comprensión primaria
de los cinco sólidos perfectos,
apenas balbuceantes
en sus metafísicas.
Van a sanarse después
de mucho herirse y regresar
a herir, después de mucho sanarse.
8.
Cuando vuelvas de este viaje
desde el centro vector de tu futuro,
cuando regreses, punto en Uno,
del lado que elegíste,
a todos los que puedas,
a tu familia, vecinos, conocidos
de toda laya y todos los colores,
dí que víste la Dama, Soror Mistique,
y que Ella es la Madre que los ama,
la siempre fiel y femenina,
la siempre llena de gracia.
Que al varón, cualquiera sea,
ella quita la angustia todavía.
Sea rica o sea pobre,
Ella se posa en el otero, tiene altares
en lo recóndito del ser, en campo abierto
y late y te mira con ternura,
te limpia los latidos con el habla
suave, dulce, misericordiosa.
Tú recuérdales La Flecha
en Sagitario, su lugar del firmamento
que apunta al Norte; en la ruta
del Camino de Santiago
y díle: «La ví y la amaré ad aeternum».
En la noche de San Juan, da el mensaje.
Ella es quien recibe a los que llegan
a la Boca del Cero, que es la Nada,
antes de pisar las moradas
de sólidos perfectos.
Díles que la víste en un templo de la bruma
y que cada esquina del mundo tiene
a una de ellas, Cefiso lícuo, río
de los muertos, es sólo un nombre
del agua lavadora, ella hecha agua,
ella, jabón de higiene purificadora:
misión interior, edificante: la catharsis.
Vuelve a la tierra con este recado:
«Ví La Dama, la hermana / madre /
bendiciente del hombre, la Gran Consoladora,
el verdadero bíos, el vínculo de amor
en el centro vector del Extremo Futuro».
9.
Dílo porque gigantes del escarnio
dijeron en Corinto que Ella es venganza,
eco que retumba con su risa macabra
los cuatro costados del mundo.
Que es lujuria violenta, sexo criminal,
putanga que paga su holocausto
con vidas de inocentes.
Ellas / Keres en derredor de las piras hedientes,
danzan con sus amantes y son hermanas
del maldito Destino, condenadoras,
érides de discordia y burlas del Erebo.
Nada de éso, Carlos, hasta los blasfemos
se dan derecho a la mitología.
10.
a María H. Escoda
Te presento, visitante, a la ker verdadera,
la Cesta hermosa de tu alma,
donde la Dama puso su presencia,
su realidad, su teorema.
Ella es la palabra de pase.
Tu boleto de entrada. Invócala.
Con Ella descorrí la cortina de la Niebla.
Al decir su nombre, se autoriza que irrumpas
en el paisaje de otras vidas y te leas
en la barca y despiertes
para el viaje consciente de la Muerte.
Dí conmigo, al confesar su nombre,
María, llena eres de gracia:
Y gracias por la Cesta que enriquecíó
mi existencia con virtudes.
Mírala, Carlos, y tiembla y llora
(estás a punto de hacerlo)
porque hermosura más grande no existe,
nunca la verás como hoy, radiante,
resplandeciente, espléndida.
Es la dama que brilla y observa
el Lago, la Laguna, el río de los adioses,
los estanques de olvido, el dolor
y la memoria.
La más joven es Ella,
La Dama del Occidente judaico-cristiano
que te corresponde, la has visto y olvidado
como todos los hombres, externos y apáticos,
mas ella no. Te dio la cesta
y el don de bendecirla, invocarla,
llevarla a tu espacios en el mundo,
para que aprendas a sacar del fondo
de la psiquis, lo que eres y ella es,
lo que anhelas y ella anheló y obtuvo:
el poder creativo,
el encanto,
la belleza,
la naturaleza pródiga,
la justicia militante,
el júbilo y la intuición del intelecto.
11.
Llora, Carlos, porque la muerte
es mi nostalgia y el destino-en-común
y el ser-con-otro, y no hallarnos
a veces, tantas veces, de contínuo,
cuerpos-vindicados-puros,
cuerpos de Cárites en el humano.
… pero yo estoy contigo, te dí el peso
de ker, el alma, y una cesta
con algunos de mis frutos, tu alimento
cuando creas que te falto.
Yo sé que me has amado
(tú, como pocos) y me has necesitado
y, aunque no lo sepas, he estado contigo.
He permitido que me veas
como una madre, como una amiga:
así me encarno, sin que me digas
Soror Mistique, Cárite, misterio, musa,
Angelita, Gracia, Eterno Femenino.
Tú me necesitas, lo sé.
Te agrada mi alimento.
¡Pues te bendigo!
Has comido mi nombre
y de mi dones y en las mujeres
te he querido y deseado,
me ha gustado lo que cantas
de mis sexualidades.
… me ha gustado
lo que preanuncias y defiendes
de mis festividades…
12.
Cuando vuelvas a tu allá,
donde quieras lo decidas y ante gentes
que yo pondré a tu lado, dí con tus palabras
y otras que echaré en la cesta más hermosa,
en almendras de tu emoción divina,
en alta amígdala de tus nervios humanos,
en memorias que doy desde las aguas,
que la Madre existe, coauxilia,
que la madre quiere un templo
y un templario, jinete que monte
consigo compañera,
navegante que pilotée
una barca
y reme en los riachuelos
del encanto.
13.
Seguramente, tú querrás
el regreso a ese pueblo
donde yo tuve un Templo
y te conocí con otro nombre
y otra piel
y otros huesos.
.... un templo para mí es la Vida
y la alegría más pura
porque no existe legislación represiva
ni venganza; un templo es fe,
deseo, pasión, esencia,
la voluntad natural de pobladores.
Yo tuve una comunidad
que sí... me amaba
y tú estabas allí,
adivinabas mi alegría.
14.
En ésto creo, Carlos,
y lo escribiré como una carta
para un enamorado. Pónlo
en la cesta invisible que te doy
con aroma y mandato de mi alma.
Esto dijo Atabey en su descanso eterno;
ésto lo dijo Irene, matrona que recibió
al herido y desnudo Sebastián,
asaetado en poste del Estadio Palatino:
No morirá del todo la fe,
la santidad del hombre
y su conexo histórico.
15.
La muerte es santa, Carlos,
pero hay una muerte que hipnotiza,
mentirosa propuesta de los destructores
y no es mía y no me representa.
Ebriedad es. Sopor de un limbo innecesario.
Acaricia con uñas largas aún a los vivos.
Con dientes blancos y ojos severos,
miente, sonriendo, bebe la sangre oscura.
Cuando veas a los que te aman
o pudieran llorarte, dí que la muerte
a la que irás un día, no es tipo de condena.
Es muerte verdadera, cesación,
meramente. Ella no me suplanta:
te recibe La Dama, la Cárite más bella,
el esplendor, el ángel.
Tú no mueres en verdad, Carlitos.
Vienes a verme por un rato
y me pides que te restaure el ser
y ponga júbilo y dones en tu alma:
el eco de mi voz en el corazón tuyo.
16.
A George Simmel, primer sociólogo de la modernidad,
sicólogo de la acrobacia y la pirotecnia, hombre sin
base firme, retórico neobarroco de la transitoriedad…
Estos son los discursos sobre la muerte amarga,
la agonía ad hoc, defunción giratoria,
el sepelio insoportable, el petardo,
la disolución infernal, la Nada victoriosa
y el nihilismo. Aún sabiendo la directa relación
entre la vida y la forma, ellos nos van al fondo,
menos se ponen en tus botas.
No lloran con la ralea sufriente
que pide tu café, el asma de tu madre,
la tragedia, el disparo, el cuchillo rayado y afilado
con la brea de una orilla de tu calle.
Ellos buscan el espíritu del tiempo
como se busca un chiste en el vacío,
un peo difuntal entre utensilios,
una definición impresionista de la Nada.
Con expresión básica de instintos
no van a la fe, sólo la mientan.
Huyen a los saltos, leaps of faith
kierkegardiano, intrahistoria agónica,
senequista, goyesca, unamuniana.
A la esperanza no le daríán su hóla
olfateando la pasión.
No saben el discurso,
la queja existencial, abierta y dolorosa,
el don, la hondura del ebrio...
el despreciado, Moncho Lira,
lo histriónico, oratorio, de María Culito,
la pobreza dura, el esfuerzo, el heroísmo
de Millita, el hambre en la misericordia,
la reunión de los pobres por un caldo
y zapatos, o trapitos nuevos y fiambrera
que les brinden los Torres y Boultrón,
Cheo El Indio, o la cajita de muerto
hecha por de Don Aguedo.
Para tus días, sobre la muerte
inventan estructuras y cohesiones sociales,
el dominio, el puño atroz, la Mano Invisible
del estragulamiento, para que no se construya
un yo maravilloso, ser-con-otros
projimal, destino comunitario, benévolo.
Del libro en preparación «Yo soy la muerte»
de Carlos López Dzur
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Publicado por elzorro2 el 20 de Julio, 2006, 20:28
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